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Heinz Dieterich
30.11.2010
1. Dialéctica de la crisis
La función positiva de toda crisis es que revela
la inviabilidad de un modelo. Remueve las
ilusiones y escombros ideológicos que bloquean
la visión estratégica del futuro. En este
sentido, las crisis sistémicas del capitalismo
mundial, del modelo de Cuba y del modelo de
Venezuela abren el camino al Socialismo del
Siglo XXI.
2. Fin de ilusiones y opciones
Europa/Estados Unidos:
la crisis capitalista ha dejado claro que los
gobiernos del Primer Mundo no son más que
lacayos del Gran Capital. Mientras cientos de
millones de personas se han hundido en la
pobreza, las empresas estadounidenses han tenido
en el tercer cuartal de 2010 las mayores
ganancias en su historia registrada, gracias a
la política del gobierno Obama. En la Unión
Europea, el desmontaje del Estado de bienestar
va acompañado de la amenaza de su más alto
funcionario, J. D. Barroso, Comisario de la UE,
de instalar dictaduras militares en Portugal y
España, si los sindicatos ofrecen demasiada
resistencia. En consecuencia, dos ideologías
primermundistas cardinales se tambalean: a) que
la lucha de clases ha terminado y, b) que el
Estado burgués garantiza para siempre la paz
social, el bienestar y la democracia.
Cuba:
las últimas ilusiones sobre la viabilidad del
Socialismo del Siglo XX se cayeron con las
drásticas medidas de economía de mercado
implantadas en la isla; el reconocimiento de
Granma de que las mayorías del país
practican una “economía de subsistencia”, y la
afirmación del Presidente de la Asamblea
Nacional, Ricardo Alarcón, en China, de que Cuba
“aprovechará la experiencia de desarrollo en
reforma y apertura” de China.
Venezuela:
La crisis del modelo venezolano ---que flota a
la deriva en el mar de sus contradicciones---
está acabando con las ilusiones “socialistas”
del desarrollismo burgués latinoamericano. Queda
limitado el mérito socialista de Hugo Chávez a
haber divulgado el concepto del
Socialismo del Siglo XXI, sin sustanciación
institucional o científica alguna
posterior. Es el merito que Marx/Engels le
conceden a Hegel.
Las opciones políticas estructurales son, por lo
tanto: para el Primer Mundo, dictaduras abiertas
del capital, regímenes parlamentarios
neoliberales o Socialismo del Siglo XXI; para el
Tercer Mundo, desarrollismo socialista
(NEP/Lenin, China) o burgués (Venezuela) con
Socialismo del Siglo XXI. Entre esas opciones
tienen que escoger las clases sociales, Partidos
y Estados.
3. La Tricontinental del Socialismo del Siglo
XXI
En un reciente debate del Bloque Regional de
Poder Popular-Scientists for a Socialist
Political Economy (BRPP/SSPE), hubo consenso en
cuanto a que el progreso del Socialismo del
Siglo XXI requiere de tres catalizadores: 1. una
mayor integración de las fuerzas
anticapitalistas de América Latina, Europa y
Asia; 2. la consolidación de una vanguardia
científica mundial que trabaja sobre el modo de
producción postcapitalista y la transición, 3.
la vinculación del Socialismo del Siglo XXI con
las masas.
4. Los ejes geopolíticos de la Tricontinental
La importancia de América Latina en el
desarrollo del proyecto mundial postcapitalista
radica en que tiene los movimientos sociales
más activos, conscientes y combativos de todos
los continentes. Europa, a su vez, aporta
el conocimiento científico más avanzado sobre la
economía política y el modo de producción del
Socialismo del Siglo XXI (Escuela de
Escocia/Escuela de Bremen). China es
clave, porque es uno de los dos decisores del
grupo G-20 y el único país poderoso gobernado
por un Partido Comunista. Si la reactivación de
la lucha de masas en Europa continúa, es preciso
integrar también su izquierda partidista,
sindical y juvenil al triángulo estratégico de
la evolución postcapitalista.
5. Vanguardia y epistemología naif
Uno de los más grandes logros de la ideología
burguesa y del dogmatismo del Socialismo del
Siglo XX ha sido la destrucción de la teoría
revolucionaria del Estado y de la vanguardia. El
resultado destructivo es bicéfalo: la sumisión
acrítica, casi religiosa de las masas y de los
miembros del Partido del Estado ante el líder
histórico, por una parte, y la idolatría
acrítica y anarquoide de la “democracia de
base”, por otra. Ambas actitudes son ingenuas
porque niegan la dialéctica entre las necesarias
jerarquías de poder.
La primera representa el abuso de poder de un
liderazgo que pretende eternizar una coyuntura
histórica favorable que le permitió conquistar
el Estado. La segunda pertenece a la
epistemología naif, porque niega la
estructura objetiva del universo: que el cosmos
está organizado en escalas y jerarquías de
complejidades, dimensiones e interacciones. De
la negación de ese hecho ontológico nace la
ilusión anárquica de que una sociedad puede
organizarse simplemente de manera horizontal o
que las masas pueden auto-organizarse
adecuadamente, sin delegar información,
coordinación y poder a instancias superiores e
intermedias. Un simple ejemplo de la ley de
escala revela lo absurdo de esta pretensión. Si
tres personas discuten, no necesitan moderador
ni reglamento. Si son trescientas, ambos son
funcionalmente imprescindibles, para impedir el
caos y el abuso.
6. Vanguardia, verdad y mayorías
El auténtico liderazgo de vanguardia nace de la
verdad. Por eso, a veces no coincide con la
lógica de las mayorías. Si Einstein sostiene que
el espacio es curvado y cien físicos presentes
dicen lo contrario, Einstein tiene razón, porque
expresa la verdad objetiva frente a un atraso en
el conocimiento de sus colegas. Lenin tiene
razón cuando dimite al Comité Central y convoca,
en octubre de 1917, a la insurrección armada
inmediata, acusando de idiotas y traidores a
aquellos que quieren esperar la “mayoría
´formal´de los bolcheviques” en un futuro
congreso del Partido.
7. Líder y masas
Es la dialéctica del liderazgo. El conocimiento
y la audacia superior (a la Media) de la
avantgarde ---en lo político y militar
frecuentemente con un fuerte aspecto
intuitivo--- salva en la crisis. Muchos
líderes derivan de ese talento su reclamo a la
eternización de su conducción. Las masas deben
reconocer ese talento, pero deben defender su
autonomía rectora, por el bien del proceso. ¿De
qué se deriva su autonomía rectora? Del hecho,
de que en tiempos de evolución normal no se
requieren las calidades de liderazgo que
caracterizan al solitario héroe rescatador, sino
la dirección y retroalimentación colectiva. De
ahí la sabia construcción de la dictadura
romana.
8. Vanguardia y Foros Sociales
Recién discutí con el amigo Alexander Buzgalin,
quien publicó en el año 2000 en Cuba un breve
libro intitulado, El futuro del Socialismo,
sobre el problema de la transición al
postcapitalismo y la vanguardia. Él tiene mucha
esperanza en los foros sociales, como el Foro
Social Europeo (FSE). Después de mi
participación en los Foros de Atenas, Paris,
Londres y Quito, no comparto su optimismo y he
dejado de participar en esos eventos. No veo que
de las “escuelas de verano” (Ramonet dixit)
nazca la Revolución Mundial anticapitalista, ni
tampoco, que inquieten mayormente a los amos del
Capital. De hecho, los amos los financian.
Toda vanguardia nace en torno a un paradigma, es
decir, una verdad objetiva que sirve como centro
de gravitación epistémica y en su caso,
política, del homo sapiens. En la actual
superación del capitalismo, ese paradigma es el
Modo de Producción del Socialismo del Siglo XXI,
es decir, el genoma de la economía y sociedad
postcapitalista. Como en todo proceso de
evolución, los modelos disfuncionales son
absorbidos por la historia. |