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Heinz Dieterich | Para Kaos en la Red |
18-5-2010
El
método para transitar a la economía del
Socialismo del Siglo XXI requiere la combinación
de tres políticas: su planificación y ejecución
democrática (autogestión coordinada); la
medición del valor de sus productos y servicios
(valorización) mediante unidades de tiempo
(valor de trabajo) y, el intercambio de
equivalencias.
Las
tres políticas tienen que realizarse de manera
combinada, porque el salto cualitativo hacia el
modo de producción del Socialismo del Siglo XXI
solo se produce como resultado de sus sinergias.
Medidas individuales en una economía de mercado,
como en Venezuela, no tendrán éxito. Un análisis
comparativo de los modos de producción del
Socialismo del Siglo XX y del Socialismo del
Siglo XXI explican las razones de este modelo
tridimensional o trimodal.
1.
La economía del Socialismo del Siglo XX, llamado
en la Alemania socialista (RDA) también „el
socialismo realmente existente“, no fue planeada
democráticamente, sino por elites--al igual que
en el capitalismo. En „el socialismo realmente
existente“, la planificación la hacían unos
cinco mil tecnócratas y políticos del Partido
Único y en el capitalismo la hacen unos cinco
mil megacapitalistas, burócratas y políticos. La
esencia es la misma: las mayorías están
excluidas.
2.
La regulación y dirección de la economía del
„socialismo realmente existente“ se realizaba
via una combinación de precios administrativos y
precios de mercado, no mediante el valor de
trabajo y el intercambio de equivalencias. Los
precios administrativos fueron determinados por
el Estado a raíz de consideraciones sociales,
políticas y militares y, en forma secundaria,
económicas. Los precios de mercado se tomaron
del mercado mundial y se adecuaron a los
parámetros nacionales.
3.
La no-determinación del valor de los productos y
servicios por su valor de trabajo (time inputs)
y su respectivo intercambio por el principio de
equivalencia, significaba en la economía
monetarizada del „socialismo realmente existente
“que no se podía abolir el sistema de trabajo
asalariado. Significaba también que los
trabajadores no tenían el derechoal pleno valor
creado por su trabajo, sino solo a la parte
salarial y algunos servicios sociales que las
elites les asignaban. Pero, si no se acaba con
el trabajo asalariado, como insistían Marx y
Engels, no se puede acabar con el capitalismo;
como tampoco se puede acabar con él mediante la
estatización de los medios de producción, sino
sólo mediante su socialización (Vergesellschaftung).
Hoy sabemos que esasocialización tiene que ser
trimodal: planificación y ejecución democrática,
valorización por el tiempo de trabajo e
intercambio de equivalencias.
4.
El tipo y el volumen de los „fondos socialmente
necesarios“ (Marx/Engels) como salud, educación,
defensa etc., no fueron decididos por las
mayorías, sino por las elites. El Socialismo del
Siglo XX, al igual que el capitalismo, no
permiten que las mayorías deciden por
plebiscito, por ejemplo, las tasas de impuestos,
ni tampoco, si prefieren impuestos directos o
indirectos. Para las mentes estalinistas al
igual que para las capitalistas es inconcebible,
que las masas conducen democráticamente a la
economía, pese a que son ellas las que generan
el plusproducto social.
5.
La propiedad y el poder fáctico sobre el
plusproducto social es ejercido en „el
socialismo realmente existente“ por el Estado,
no por los productores inmediatos. Pero, el
Estado es siempre una estructura de violencia
que responde a la distribución del poder de la
sociedad. Cuando las elites se enajenan de las
mayorías, éstas dejan de ver al Estado como su
Estado. En consecuencia, la fábrica, la tierra y
los servicios de la economía estatal se
convierten en una fuerza externa alienada e
impositiva. Sin identificación entre
trabajadores y propiedad productiva no se
defiende el sistema cuando entra en crisis. Por
eso, los trabajadores del „socialismo realmente
existente“ actuaron ante la caída del sistema
como los campesinos hindúes ante las conquistas
externas: con indiferencia atentista o
inclusive, como protagonistas de su destrucción
(Polonia).
6.
Científicamente no tiene sentido llamar al modo
de producción del Socialismo del Siglo XX
„capitalismo de Estado“. Porque sin una clase de
propietarios particulares del capital que actúa
por ganancia y opera el mecanismo cibernético
del sistema (mercado), el concepto pierde su
capacidad analítica. Tampoco conviene llamar a
ese modo de producción socialista, por que
carece de los tres principios distintivos de la
economía política socialista.
7.
La combinación de los tres principios
constitutivos de la Economía Política del
Socialismo del Siglo XXI, la planificación y
ejecución democrática (autogestión coordinada),
el valor del trabajo como unidad de valorización
de productos y servicios y, la equivalencia como
principio de todos los intercambios, es la
esencia política-económica del modo de
producción del Socialismo del Siglo XXI (A.
Peters), y, por lo tanto, de su modelo de
transición. Para obtener el efecto sinergético a
nivel nacional y regional, las tres políticas
tienen que llevarse a cabo coordinadamente y en
cabal consideración de las fuerzas antagónicas a
nivel nacional, regional y mundial.
8.
Este modelo trimodal de transición hace la
explotación laboral imposible y cambia
cualitativamente la importancia de la propiedad
sobre los medios de producción. La forma de
propiedad se vuelve secundaria, porque la
planificación democrática de los rubros y
volúmenes de producción y la determinación de
los precios y salarios por el valor del trabajo,
junto con su intercambio en forma equivalente,
quitan a eventuales propietarios
formales---Estado, cooperativas, individuales---
la capacidad de abusar de la propiedad. La
determinación plebiscitaria de los impuestos, a
su vez, impide el abuso confiscatorio del
Estado.
9.
El sistema burgués utiliza dos mecanismos
principales para apropiarse del valor creado por
los trabajadores: 1. los dueños de los medios de
producción se apropian del valor en forma de
ganancia, interés y renta de la tierra; 2. el
Estado, el „capitalista colectivo virtual“ (ideell,
Marx/Engels), se apropia del valor en forma de
impuestos. Ambos mecanismos quedan bloqueados en
el modelo de transición. La „expropiación de los
expropiadores“ (Marx/Engels) ya no se realiza
primordialmente sobre la estatización de la
propiedad privada, sino sobre el derecho y el
poder socio-político de apropiación del valor
cabal generado por los trabajadores, por parte
de los trabajadores.
10.
Las características principales del modo de
producción del „socialismo realmente existente“
son: una economía centralmente planificada por
una elite; dirigida mediante precios
administrativos y de mercado; con metas de
obtener un plusproducto, más no una ganancia (Profit)
y, por lo tanto, no-crematística; basada en el
sistema asalariado y monetarizado. Se trataba de
un modo de producción sui generis que se estancó
en la transición de la crematística capitalista
hacia el socialismo. Al no evolucionar, colapsó
y regresó a su punto de origen. Ese experimento
de evolución planificada requiere de un concepto
científico adecuado, urgentemente.
11.
La economía del „socialismo realmente existente“
no se alejó lo suficiente de la autoritaria
crematística capitalista como para convertirse
en un modo de producción socialista en el
sentido del Socialismo temprano, de Marx/Engels,
Bakunin, RosaLuxemburg y Lenin. Pero, ni
burguéses, ni stalinistas pueden parar las leyes
de la evolución. Decía una canción cubana:
„Carlos Marx está enojado, cheque de Engels no
ha llegado.“ Bueno, al fin y al cabo siempre
llegó, de tal manera que el prócer pudo realizar
su gran obra de transformación.
Hoy,
las condiciones objetivas para la nueva
civilización son incomparablemente mejores que
durante los últimos dos siglos. Por eso, Karl
Marx en su tumba del Highgate Cemetery en
Londres ha de estar de fiesta: El cheque de la
historia está llegando al Socialismo.
Fuentes:
http://www.kaosenlared.net/noticia/metodo-transicion-socialismo-siglo-xxi |