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Por Gilbert Rocheteau
Mientras que un halo de esperanza
surge sobre el continente a este principio de año 2008, los medios
de comunicación internacionales azotan al ritmo de la matanza que se
vive en dos polos distintos de África y Asia con por una parte Kenia
donde
dos adversarios que ayer eran verdaderos hermanos y amigos se
convierten en enemigos inmediatamente al resultante de un escrutinio
presidencial apretado que pone en peligro la coexistencia pacífica
que mucho tiempo duró entre los distintos grupos étnicos del país; y
por otra parte Pakistán donde el que se oponía Benazir Bhutto se ha
asesinado en plena campaña electoral que trastornaba así la cohesión
social que no era de buena calidad. Dos acontecimientos adjuntos al
concepto de la democracia con su corolario, la compaña electoral y
las elecciones.
Probablemente y a la lectura de esto, se dirá que el hombre se
pierde en sus elucubraciones intelectuales. Por eso se me intentará
decir, después de la colonización África y los países emergentes
de Asia han sido atrapados y completamente son atrapados por el
occidente colonialista bajo la influencia de tres elementos
principales que constituyen para ellos la clave de una sociedad
contemporánea y para los del Tercer Mundo, el estrangulamiento del
pueblo mucho tiempo controlado que aspira a una verdadera
esparcimiento.
El primero, es la aplicación de la famosa declaración universal
de los derechos humanos. Una declaración que extrae sus orígenes
históricos de los textos de la francmasonería cuya coartada
fundamental era conquistar el mundo y someter al pueblo colonizado.
Lo que demuestra todo respecto la crucifixión si me atrevo la
declaración de los países colonizados, que el 10 de diciembre de
1948 lo adoptaban a la sede de las Naciones Unidas esta famosa
declaración que data de 1603 en Inglaterra si no me equivoco. Una
declaración elaborada durante la esclavitud y adoptada en el momento
mismo dónde los países colonizados no estaban libres, donde los
intelectuales africanos no podían aún oponerse al dueño-colono, y
donde los Negros como lo decían estaban aprendiendo a leer y
escribir. Nunca se haya respetado al hombre africano respeto a esta
declaración y los ejemplos son numerosos con los asesinatos que
tuvieron lugar desde más de cincuenta años en África, con las
torturas y los linchamientos de todas formas que sufrieron el pueblo
indígena africano y sus líderes, la utilización del continente
africano como de espacio cobaya donde naturaleza y humanos están
expuestos a las experimentaciones química, nuclear y bacteriológica
de todas formas.
El tercer elemento, es la democracia y a cerca de ella, la cuestión
dicha de las elecciones. Cuestión esencial que inhibe el desarrollo
y el despegue de África desde que los países africanos en los años
90, la admitieron como motivo central de una democracia importada.
¿Y que puedo permitirme pedir, en qué se fundan las elecciones
como principio democrático? En otra forma es un pueblo soberano
necesita las elecciones para elegir a un individuo para la conducta
de sus asuntos en que caso, eso sería un abandono de su
responsabilidad, una negación del sí-mismo del pueblo dado que,
anticipar al lugar del pueblo su (sus) deseo (s) de autodeterminarse
y de auto-gobernarse es antidemocrático y constituye una violación
flagrante de la integridad de un pueblo a partir del momento que
éste es soberano.
"Actualmente, los pueblos se enfrentan a este problema persistente y
las sociedades soportan los numerosos riesgos y extremas
consecuencias que de él se derivan. Estas sociedades no han tenido
todavía éxito para encontrarle una solución definitiva y
democrática. Este «Libro Verde» presenta la solución teórica
definitiva al problema a del «aparato gubernamental».
En el mundo actual, la totalidad de los regímenes políticos son el
resultado de la lucha que libran los distintos sistemas de Gobierno
para alcanzar el poder, ya sea esta lucha pacifica o armada, como la
lucha de clases, de sectas, de tribus, de partidos o de individuos
se liquida siempre por el éxito de uno de esos sistemas, individuo,
grupo, partido o clase y por la derrota del pueblo, en consecuencia,
la derrota de la verdadera democracia.
La
lucha política que conduce a la victoria de un candidato con, por
ejemplo, el 51 por 100 del conjunto de los votos de los electores,
conduce a un sistema dictatorial, pero bajo un disfraz democrático.
En efecto, 49 por 100 de los electores están gobernados por un
sistema de Gobierno que ellos no han elegido y que, por el
contrario, les ha sido impuesto. Y esto es la dictadura. Esta lucha
política puede conducir también a la victoria de un sistema de poder
que no represente más que a la minoría, especialmente cuando los
votos de los electores se reparten entre un conjunto de candidatos
de los que uno de ellos obtiene más votos que cada uno de los otros
considerados individualmente. Pero si se sumasen los votos obtenidos
por los «derrotados», se conseguiría una gran mayoría. Sin embargo,
es proclamado vencedor el que tiene el menor número de votos, y su
éxito; ¡se considera legal y democrático! Pero, en realidad, se
instaura una cobertura democrática falsa.
Esta es la verdad de los regímenes políticos que dominan el mundo
actual. Su falsificación de la verdadera democracia aparece
claramente: se trata de regímenes dictatoriales." (Extracto de "EL
Libro Verde" de Múammar Al Gaddafi). Y cuando el pueblo aislado y
desposeído de su poder no puede permanecerse para mucho tiempo mudo,
crea una rebelión masiva a veces fratricida como es el caso hoy día
en Kenia.
Evidentemente, la opinión internacional cuyos americanos y sus
aliados europeos inclinan sobre las irregularidades observadas
durante las elecciones. Piensa también que la crisis perpetrada
actualmente es una cuestión a carácter tribalita. Es de su atributo
juzgarlo así sobre todo que es para ella no destacar el valor
importado de la democracia que hace problema en Kenia y también en
el mundo en general y en África en particular.
Ante de las elecciones, las tribus Kenianas como otras tribus
africanas siempre han vivido pacíficamente en respeto de la persona
de otro, de los mayores, y en respeto de los clanes y jefes de
clanes e incluso de los jefes tribales. Es la democracia importada,
la democracia occidental que muestra sus faltas, es ella que abre
las puertas de un desacralización del lo sagrado y del tabú e
inyecta el veneno de los conflictos abiertos a los intereses
maquiavélicos entre el pueblo africano.
Ante la carnicería humana observada en Kenia, el occidente, promotor
de la democracia y del derecho humano, invita a un perdedor que se
autoproclamó vencedor a formar un Gobierno de unión nacional con su
oponente, ¿es eso la democracia? Puedo preguntarme: Sí pero ¿quien
es el vencedor resultante de las elecciones presidenciales de Kenya
del 27 de diciembre pasado? Raila Odinga, el oponente o Mwai Kibaki,
el Presidente saliente. Y si es el caso para Mwai Kibaki, eso
supondría según la democracia occidental que el mejor perdedor es en
adelante el mejor ganador. Pues, las elecciones no tienen más de
valor como tal.
Es necesario centrar en cualquier caso el ejemplo de Kenia al mismo
diapasón que lo que tiene curso por diferentes partes en el
continente. La democracia importada es una hoja de paja. Es verde
cuando el pueblo es ciego, desecada o quemada cuando se despierta.
Es en realidad el nuevo ámbito de los imperialistas para conquistar
el mundo, reconquistar los territorios cuyo control habían perdido.
Las elecciones tan transparentes que se quiera bien demostrarlo es
antidemocrático. El ganador ejerce siempre la dictadura sobre el
perdedor y en cuanto su esfuerzo, nunca el perdedor se convencería
de las acciones del ganador incluso positivas. Lo que explica en
realidad que las elecciones ponen en peligro la emancipación y la
hegemonía del pueblo libre. No sirven los intereses del pueblo sino
los de las personas o grupos de personas que se ligan. Dividen los
componentes de una misma sociedad e invitan a los "colonizadores" a
desempeñar el papel del árbitro es decir, que debe protegerse a
través de sus mediaciones sus intereses económicos en la región.
Es una urgencia para los africanos y los pueblos sometidos de
ajustar el debate interno sobre las bases africanas ampliamente
democráticas que extraen sus orígenes los usos y costumbres locales.
La libertad no se ofrece, se adquiere con aspereza. Y el precio que
debe pagarse es la instauración de los congresos populares y de los
Comités populares para garantizar la dinámica popular y evitar caer
en peleas y en los conflictos que lo transformarían en lobo para
lobo.
Sería tiempo para nosotros, africanos, de reconsiderar una otra
África política que considera como Leviatán, el pueblo. Para
nosotros, debemos revestirnos en africano orgulloso y aureolado de
serlo ya que la preocupación principal del africano nunca ha sido el
poder ni el acceso al poder. El poder en África fue en manos de los
hombres justos cercados de sabios y de eruditos. El hombre justo, el
soberano- sabio, siendo un guía había sabido conservar la identidad
de nuestro pueblo. La vuelta en nuestro pasado histórico parece pues
ser la vía ideal ya que la modernidad en sentido occidental se
vuelve cada vez más perniciosa y animal. La matanza de Keniana de
estos últimos días demuestra la tesis de la animalidad a la cual
este mismo occidente nos confiere. Una violencia sin similar donde
los jóvenes africanos armados de machetes, garrotes, palillos
espinosos pegan, matan su congéneres como si se combatía un animal
salvaje que se escapó del arbusto. ¿Qué crueldad, ÁFRICA, mi
África!?
Más de muertes en nuestros días sin contar los millares de heridos y
desplazados, para las elecciones... ¿No es una verdadera
conspiración del occidente colonialista? Eso es la trampa de África
ante la democracia importada. Lo que es seguro y cierto, es que
Kenia no puede señalar el final de esta innoble crueldad sobre el
suelo africano. Elecciones como las de Kenia están en curso en
numerosos países en África. Todo parece que los mismos espantajos
van a continuarse y esto, hasta el día en que los africanos tomarían
conciencia de esta trampa del occidente colonialista e imperialista.
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