Las
luchas por la segunda
liberación de África (I)
Fecha :
07/02/2008
Subtítulo: Por
Demba Moussa Dembelé (Foro
Africano de las Alternativas)
Texto
asset: La
influencia de Thomas Sankara
sobre el movimiento
intelectual y social
El periodo de las independencias de los países africanos a partir de
finales de los 50 y
principios de los 60, marca
una etapa importante en la
larga lucha de los pueblos
africanos por liberarse del
yugo colonial y de todas las
demás formas de domincación
extranjera. Este periodo
suscitó grandes esperanzas
en los pueblos africanos.
Fue percibido como una etapa
crucial hacia un desarrollo
endógeno cuyos pilares
serían la soberanía política
de los pueblos y el control
de los recursos naturales.
Las Independencias de los
años 1960 representaban una
victoria total sobre la
ideología imperialista de la
pretendida ''misión
civilizadora'' de los
Occidentales en África.
Estas independencias habían
contribuido a devolver
cierto orgullo a los
africanos, abriendo una vía
para el redescubrimiento y
la reapropiación de la
verdadera historia del
continente. Bajo el impulso
del presidente Nkrumah, los
primeros países
independientes habían
iniciado un proceso de
unidad, que culminó con la
creación de la Organización
de la Unidad Africana (OUA),
el 25 de mayo 1963, en Addis
Abeba (Etiopía). Esta unidad,
a pesar de las divergencias
ideológicas y políticas de
los dirigentes africanos,
daba un nuevo impulso a las
luchas de liberación en el
continente y a la lucha
contra el odioso sistema de
apartheid en Sudáfrica. Las
independencias tuvieron
también cierta influencia
sobre las luchas de los
pueblos de origen africano
contra la opresión y la
discriminación que padecían.
Fue sobre todo el caso del
movimiento por los derechos
cívicos de EEUU en los años
sesenta.
I) Los
límites de la Primera
Liberación de África
Pero 50 años más tarde, no
podemos hacer otra cosa que
constatar que las
independencias no han
acabado con la dominación
del continente africano.
Sobre todo, no han llevado a
una ruptura con el modelo
heredado de la colonización.
La dependencia externa de
África se ha acentuado, el
control y el expolio de sus
recursos han empeorado y la
perdida de soberanía acerca
de la elaboración de sus
políticas de desarrollo se
ha acelerado con los
programas de ajustes
impuestos desde hace casi
tres décadas por el Banco
Mundial y el Fondo Monetario
Internacional (FMI).
A pesar de la
creación de la Unión
Africana y de la existencia
de varias agrupaciones
regionales, África está muy
lejos de la unidad, tal y
como lo han demostrado las
negociaciones con la Unión
Europea sobre los Acuerdos
de Partenariado Economíco.
Sin duda alguna, el
continente carece de un
liderazgo que pueda
movilizar a los pueblos en
torno a una visión audaz y
unificadora, tal y como lo
hicieron Nkrumah (Ghana),
Nasser (Egipto), Nyerere
(Tanzania) y muchos más, en
el ocaso de las
independencias.
A) Nacimento del
neocolonialismo
Una gran
carencia de estas
independencias proviene del
hecho de que la mayoría de
ellas fueron otorgadas por
las antiguas potencias
coloniales, lo cual las
convierte en independencias
superficiales. Gracias a
ello, estas potencias
substituyeron la
colonización indirecta - el
neocolonialismo - a la
colonización directa. Casi
todas las relaciones de
dominación siguieron
intactas así como las
instituciones creadas con el
fin de legitimarlas. Hasta
el punto de que en la
mayoría de los casos, la
independencia era un engaño
y daba la ilusión de una ''soberanía''
que sólo existía sobre el
papel. De hecho, algunos
países que se encontraban
dentro de esta categoría
sirvieron de base para
desestabilizar a otros
países realmente
independientes y a
determinados Movimientos de
Liberación Nacional de
países o naciones aún
dominadas. Por ejemplo, en
África Occidental, Costa de
Marfil y Senegal han sido
utilizados por Francia para
desestabilizar a Guinea,
durante los años de la
presidencia de Sékou Touré.
En el ámbito económico,
estas políticas de
desestabilización consistían
en sabotear económicamente o
en asfixiar a las finanzas
nacionales para impedir el
éxito de los esfuerzos de
reconstrucción nacional de
los regímenes ''hostiles''.
A nivel político, se
llevaron a cabo determinados
golpes de estado contra
dirigentes tachados de
''pro-comunistas'' por los
países occidentales durante
la guerra fría. Fue el caso
del presidente Nkrumah en
Ghana y del presidente
Modibo Keïta en Malí. En
otros casos, se cometieron
crímenes odiosos, como los
asesinatos de Patrice
Lumumba en el Congo o de
Thomas Sankara en Burkina
Faso.
Por lo tanto, uno de los
factores más importantes del
fracaso relativo de la
Primera Liberación de África
fue la sustitución del
colonialismo por el
neocolonialismo. Las
estructuras económicas,
financieras y políticas que
habían servido para subyugar
a los africanos y para el
expolio de sus recursos
siguieron intactas. Además,
las antiguas potencias
coloniales instalaron bases
militares o impusieron
acuerdos de defensa que les
dieron el control sobre los
ejércitos recién creados de
aquellos países y por lo
tanto, sobre su seguridad. A
través de este control, las
antiguas metrópolis pudieron
llevar a cabo una
desestabilización permanente
de los nuevos estados, como
lo demuestra la
multiplicación de los golpes
militares que asolaron al
continente durante las dos
primeras décadas y después.
B) Continuidad y
persistencia de la ''balcanización''
El triunfo del
neocolonialismo se hizo
posible gracias a la
persistencia de la
balcanización del continente,
heredada del periodo
colonial. Al aceptar de
mantener las fronteras
definidas por los
colonizadores, los jóvenes
estados africanos empeoraban
su situación de debilidad,
su fragilidad e incapacidad
a la hora de resistir a las
presiones de las antiguas
potencias coloniales. Esta
balcanización limitaba
considerablemente el alcance
del proyecto de unidad
africana, que representaba
la Organización por la
Unidad Africana (OUA), el
antecesor de la Unión
Africana (UA). No obstante,
el presidente Nkrumah había
advertido de los peligros de
esta división, al decir que
''África debe unirse o
perecer''. Pero no había
sido escuchado. A la luz de
la situación actual del
continente, su advertencia
suena como una profecía y
África sigue pagando un
precio muy elevado por su
fragmentación, tanto a nivel
político como económico.
La razón principal del
fracaso de los esfuerzos
realizados para alcanzar una
verdadera unión política
reside quizá en las
presiones y sabotajes de las
antiguas potencias
coloniales, que ven en esta
unidad un peligro para el
mantenimiento de su
dominación. El rechazo de la
mayoría de los presidentes
de los países independientes
es un segundo factor.
Prefieren quedarse con sus
''independencias'', su
bandera y sobre todo, sus
relaciones bilaterales ''privilegiadas''
con la antigua metrópoli.
Esto es particularmente el
caso de los países ''francófonos'',
es decir, de las antiguas
colonias francesas. Explica
por ejemplo el fracaso de
determinados intentos de
unificación, como la
Federación de Malí, entre el
actual Malí y Senegal.
Explica también el
mantenimiento de una moneda
como el franco CFA,
totalmente controlada por
Francia.
Finalmente, la guerra fría
entre el campo soviético y
los países occidentales
contribuyó también a socavar
la unidad de los países
africanos y a acrecentar las
divisiones de los dirigentes
africanos, sometidos a una
presión constante por parte
de los bandos.
C) Debilidades del liderazgo
A parte de los
factores heredados de la
colonización, la naturaleza
del liderazgo africano,
sobre todo en la mayoría de
los países cuya
independencia había sido ''otorgada'',
jugó un papel importante en
la persistencia de la
balcanización y el fracaso
de la Primera Liberación de
África. De hecho, en muchos
países, los dirigentes
estaban de acuerdo con los
planes de la metrópoli, es
decir, con la puesta en
marcha del neocolonialismo.
Al aceptar la continuidad de
las relaciones heredadas de
la colonización, aquellos
líderes renunciaban a
cualquier intento de
transformación económica y
social y a un auténtico
programa de construcción
nacional y de unificación
africana. De esta manera,
fomentaban el reforzamiento
de los lazos de dependencia
que les unían con la
metrópoli, en todos los
ámbitos.
De hecho, la mayor parte de
los dirigentes de los
primeros años de las
independencias tenían una ''conciencia
nacional'' bastante débil,
es decir, tal y como lo
entendía Frantz Fanon, que
carecían de voluntad
política y de cierta
disposición para superar los
intereses personales o del
grupo con el fin de defender
los intereses vitales de la
nación. Muchos dirigentes no
tenían otra ambición que la
de ejercer el poder para
sacarle provecho. Su
adhesión a la ideología
neocolonial era más fácil
aún ya que habían heredado
de países sin verdadera
infraestructura y con unos
recursos humanos muy
limitados. Si añadimos la
desconfianza de algunos
líderes hacia sus propios
pueblos e intelectuales, a
menudo considerados como
unos simples importunos,
entendemos la facilidad con
la que aquellos presidentes
se rindieron al control de
la metrópoli. La
preponderancia de este
género de liderazgo hizo
fracasar todos los intentos
de unidad política de África
así como de integración
económica, a nivel
subregional y continental.
De hecho, la naturaleza del
liderazgo en la mayoría de
los países fue y sigue
siendo uno de los
principales problemas del
continente.
Por lo tanto, la conjunción
de estos factores explica el
fracaso de la primera
liberación de África,
iniciada por las
independencias al principio
de los años sesenta. Este
fracaso fue aún más palpable
cuando el Banco Mundial y el
FMI empezaron sus
intervenciones a finales de
los setenta, como respuesta
a la crisis de la deuda
externa. Encontraron a un
continente que, en buena
medida, iba encaminado hacia
el proceso de recolonización.
La mayor parte de los logros
de estas dos primeras
décadas de independencia
había sido cuestionada. Los
estados poscoloniales
atravesaban una crisis
profunda de legitimidad a
raíz del fracaso del
proyecto neocolonial, del
cual eran uno de los
elementos claves. El Banco
Mundial y el FMI no hicieron
otra cosa que acentuar este
proceso de recolonización
imponiendo sus programas de
ajuste estructural a
principios de los ochenta.
II) Las
luchas por la Segunda
Liberación de África
Sin embargo, aquello no fue
suficiente como para
quebrantar la resistencia de
los pueblos africanos. Al
contrario, los sindicatos
obreros se opusieron con
mucha fuerza a los planes de
austeridad impuestos por el
Banco Mundial y el FMI. Los
intelectuales africanos, a
través de varias ONG e
institutos de investigación,
desmontaron los análisis y
las tesis de aquellas dos
entidades. La OUA y la
Comisión económica para
África (CEA), publicaron el
Plan de Acción de Lagos
(PAL), un primer y osado
intento del continente por
romper con los modelos
heredados de la colonización.
Este plan, fruto de varios
años de reflexión y de
encuentros entre
intelectuales y responsables
africanos, era un producto
100% africano, sin
intervención externa. Pero
unos meses más tarde, el
Banco Mundial publicaba un
documento, conocido bajo el
nombre de ''Plan Berg'', del
nombre de su autor, Elliot
Berg, cuyo principal
objetivo era de
contrarrestar el Plan de
Lagos.
En el ámbito político, y a
pesar de unos medios muy
limitados, la OUA seguía
movilizando la opinión
africana e internacional
para apoyar la lucha del
pueblo sudafricano contra el
odioso sistema de apartheid
y liberar las últimas
colonias del continente.