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Por
Dominique Jourdain.
[Una potencia extranjera viene a ocupar un
Estado árabe, cuelga a su Presidente y justo
observamos y reímos. Yasser Arafat permaneció en
prisión durante varios años y justo observábamos
y teníamos nuestras cumbres sin Arafat. ¿Por qué
no habían dicho que no habrá ya ninguna cumbre
árabe hasta que Arafat esté liberado? Por fin lo
envenenaron y lo mataron. ¿Por qué no fuimos en
el Consejo de Seguridad? ¿Por qué no llevamos
investigaciones sobre el asesinato de Arafat?
¿Por qué no llevamos investigaciones sobre el
ahorcamiento de Saddam Hussein? No hablamos con
respecto a la política de Saddam Hussein y
nuestras disensiones con él. Podemos tener
nuestras diferencias políticas y hasta tener
conflictos entre nosotros. No hay ya nada que
nos vincula en esta sala. ¿Por qué no llevamos
una investigación sobre la muerte de Saddam
Hussein? la entera elite árabe está matando y
colgando y seguimos observando. (…) Y eso
después podría ser su vuelta” Múammar Al Gaddafi.]
Los 14 líderes libaneses que aceptaron discutir
y construir un acuerdo que permitirá la
continuidad de las instituciones no tenían
derecho al fracaso, y realizaron su misión de
volver al pueblo un aliento de esperanza. Nadie
apostará por la solidez del consenso que se
alcanzó. Pero no podemos hacer ascos la
enseñanza esencial que se impone: América
no tiene ya en adelante la iniciativa en materia
diplomática.
Ya se había destacado que la apertura de
negociaciones directas entre Israel y Siria
había tenido como promotor Turquía. Y en el caso
del Líbano, es una iniciativa árabe que es
necesario saludar. Y no americana. George Bush
soñaba convencer a los generales Israelíes
aprovechar una crisis que había desencadenado
para afectar a Hezbollá (ver artículo de
François Béguin en el sitio web del Diario
Le Monde). Es un fracaso.
Otros comentaristas informan de que un acuerdo
habría podido fácilmente ser encontrado por los
americanos si los Israelíes, como se habían
rogado, hubieran estado de acuerdo a la
restitución de las explotaciones de Shebah, pero
la respuesta fue una denegación neta: Enrique
Laurens narré este desengaño sobre las ondas de
Francia Cultura el 26 de mayo de 2008. Por lo
tanto hay bien demostración de la capacidad de
los dirigentes Árabes de tomar en manos su
destino, de emanciparse de la tutela occidental.
El clan de los halcones de Washington limpió un
fracaso en la gestión de una crisis que había
elaborado. El cambio escabroso del jefe de la
seguridad del aeropuerto de Beirut, el general
Chiite Wafik Choukeir, y el de investigar sobre
la red de telecomunicaciones del Hezbollá, eran
una falta increíble, cada uno midiendo la
necesidad para el país de protegerse, tras la
agresión Israelí de julio de 2006. Bush había
designado Líbano como “el tercer frente de la
guerra contra el terrorismo” (después de Irak y
Afganistán). Las diatribas americanas contra el
“terrorismo” del Hezbollá tendían a preparar la
opinión a una intervención exterior. Pero los
amigos tradicionales de la superpotencia en
declive están cansados y siguen siendo sordos a
la llamada. Los Israelíes están envueltos en los
asuntos de corrupción que afectan a sus más
altos dirigentes. Y el Ministro Tzipi Livni,
seguramente cerca como se lo afirma de
Condoleezza Rice, que es más bien favorable a
negociaciones, no tiene obviamente el gusto de
retransmitir observaciones peleonas cuyos
autores no asumirían ellos-mismos los efectos…
Los franceses instalaron una base militar en la
región, pero la opinión mayoritaria en el
hexágono no está dispuesta a desenrollar una
nueva aventura colonial.
Seguramente los americanos no renunciaron a sus
fantasmas. Las provocaciones como el asesinato
el 11 de febrero último en Damasco del dirigente
Imad Moughnieh, que lleva la firma del Mossad,
para no hablar del atentado contra Rafik Hariri,
escandalosamente asignado en Damasco que no
había nulo interés, estas provocaciones que
vienen en eco a las baladronadas belicosas
Americanas deben temerse. Y la vigilancia nunca
más que necesaria.
En “Le Monde Diplomatique” de este mes de Junio,
el editorialista Alain Gresh cita las
observaciones de un intelectual Libanés: “No
hay dos campos en Liban, el de la democracia y
el de la dictadura. La construcción de un Estado
de Derecho no es el objetivo de ninguna fuerza
política. Somos presos de las estrategias de las
potencias regionales e internacionales. Podemos
soñar meternos al lado, aislarnos, pero la
realidad se acuerda regularmente a nosotros. Y
los despertadores son a menudo crueles”.
No cabe duda de que lo que se buscaba suscitando
la crisis era atizar y encender el odio ínter
comunitario. Pero estos viejos ingresos de la
era colonial siempre no pasan. Citamos a este
sujeto a Ali Fayyad, miembro de la oficina
política del Hezbollá (extracto de Le Monde
Diplomatique) “el conflicto no se refería a
la política interior. Nuestro sistema de
comunicación militar fue un factor decisivo de
nuestra victoria contra Israel en Julio-agosto
de 2006. No podemos aceptar que esté desmontado,
lo que equivaldría a desarmarnos. En cambio,
nunca hemos utilizado nuestras armas para
imponer nuestras vistas a nivel interno, para
cambiar al Gobierno o para obtener una
modificación de la ley electoral”.
Los americanos al destruir las estructuras del
Estado Iraquí suministraron el país a las luchas
intercomunicarías. Tomaron en Babilonia hecho y
causa para los Chiítas contra los Sunnitas.
Hoy Bush quiere transportar en Liban la misma
tragedia sangrienta, aunque para favorecer esta
intención desastrosa, debe hacer un nombramiento
de alianzas opuesta…
El diario “Courrier International'” del
10/04/2008 se atrevía a titular: “El grandísima
potencia americana, basta y anunciaba “la vuelta
de un mundo multipolar”, refiriéndose así a la
prueba del politólogo americana Parag Khanna
“The secund World: Impires and influences in the
new global order " publicado en Random House.
¿No está naciendo así una nueva era para el
Oriente Medio? |