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Este Libro Blanco tiene el objetivo de
lograr una solución justa y equitativa de la
situación crónica a la que se ha dado en llamar
cuestión del Oriente Medio, y de librar a la
región de los desastrosos efectos de la
violencia, la guerra y la destrucción. Para
ello, expone el problema de una manera seria,
objetiva y neutral. El Libro recopila opiniones
y conceptos expresados previamente tanto por
árabes como por judíos, además de planes y
proyectos internacionales para su solución.
Todos ellos respaldan y reivindican la solución
que se propone en esta obra. Ningún otro
concepto podrá resolver el problema.
Palestina
Este es el nombre
registrado en la historia y en las escrituras
del país. Deriva del nombre de sus habitantes
originales, los filisteos. En el Génesis, en el
Deuteronomio y en Josué, todos ellos Libros del
Antiguo Testamento, se reconoce ese nombre para
esa tierra. En el Antiguo Testamento se
registran, entre otros, los nombres de los
anaceos, los refaítas, los cananeos, los
jebuseos, los hititas y los fenicios. En el
Libro del Éxodo se señala explícitamente:
“Cuando el Faraón permitió que el pueblo se
marchara, Dios no los guió a través de la tierra
de los filisteos”.listeos”.
El nombre
“Palestina” persistió durante el mandato
británico. Se lo menciona en varios proyectos y
planes de asentamiento propuestos durante ese
período. Este hecho ha sido reconocido incluso
por los fanáticos del movimiento sionista; por
ejemplo, Samuel Katz, fundador del movimiento
sionista Herut y uno de los líderes de la
Organización Militar Nacional Etzel, quien
escribe: “Todas las instituciones sionistas del
mundo llevaron el nombre de Palestina”. Entre
sus ejemplos figuran el Banco sionista
“Anglo-Palestino”; el Fondo de la Fundación
Judía, conocido como Fondo de la Fundación
Palestina; y el Fondo de Trabajadores de
Palestina, que era judío. Katz señala que en la
Diáspora, las canciones relativas a Palestina
eran himnos sionistas. También señala que, como
emigrantes en tierras extranjeras, celebraban la
Fiesta del Tabernáculo como Fiesta del
Tabernáculo Palestino. Señala también que el
periódico The Palestine Post, que se conocía con
el nombre al-Barid al-Filistini, era un
periódico sionista, el portavoz de la Federación
Sionista. “El nombre de Palestina – afirma –
sólo fue reemplazado después de la creación de
lo que se llamó el Estado de Israel”. Admite que
el idioma hebreo recién se comenzó a usar en
Tiberíades en el siglo X. Incluso el Presidente
Roosevelt, de los Estados Unidos, en marzo de
1944, en una respuesta al Príncipe Abdallah de
Jordania, escribe: “Con respecto a Palestina, me
complace transmitirle la garantía de que los
Estados Unidos de América no tienen previsto
tomar ninguna decisión para modificar la
situación de Palestina sin celebrar consultas
plenas con árabes y judíos”.
Más allá del nombre,
la historia de Palestina responde al parámetro
general de otros países de la región. Al igual
que ellos, es un país que fue habitado por
diferentes pueblos. El predominio y el poder
político cambiaron de mano reiteradamente entre
numerosas tribus, naciones y grupos étnicos,
algunos de los cuales eran inmigrantes y otros,
invasores. Al igual que otros países de la
región, ha padecido muchas guerras y ha sido
testigo de oleadas de inmigración humana
procedente de todas las direcciones.
Por lo tanto, desde
una perspectiva histórica, nadie tiene derecho a
reclamar la propiedad de Palestina como su
tierra. Ello equivaldría sencillamente a un
reclamo carente de fundamento. Así como ninguna
parte puede reclamar derechos respecto de una
porción determinada de Palestina, tampoco puede
reclamar con justicia derechos respecto de
ninguna otra porción.
Un Estado para los judíos
La idea original de
Teodoro Hertzl era crear un Estado judío como
refugio para los judíos. El motivo inmediato que
subyacía a esa idea dimanaba de la persecución a
que eran sometidos los judíos, específicamente
en Europa, antes de la época de Hitler. Se
sugirió a Chipre, la Argentina, Uganda, Al Jabal
Al Akhdar, Palestina y el Sinaí como posibles
lugares para la creación del Estado judío
propuesto como manera de librar a Europa de sus
judíos. Por lo tanto, y como se confirma en este
texto, Palestina no era necesariamente o
inevitablemente la patria nacional de los
judíos.
La Declaración de Balfour
El verdadero
objetivo de la Declaración era librar a Europa
de los judíos, antes que expresar solidaridad
hacia ellos.
La persecución de los judíos
Los judíos son un
pueblo desafortunado. Desde la antigüedad han
sufrido enormemente a manos de gobiernos,
líderes y otros pueblos. ¿Por qué? Porque esa es
la voluntad de Dios, tal como se señala
claramente en el Corán en los relatos del Faraón
de Egipto y como lo ilustra el tratamiento a que
fueron sometidos a manos de los líderes de
Babilonia, de los emperadores romanos, desde
Tito hasta Adriano, y de los reyes de
Inglaterra, como por ejemplo Eduardo I. Los
judíos han sido proscriptos, capturados,
masacrados, sometidos a situaciones
desventajosas y perseguidos de todas las maneras
posibles a manos de los egipcios, de los
romanos, de los ingleses, de los rusos, de los
babilonios y de los cananeos y, más
recientemente, a manos de Hitler.
Los árabes y los judíos
No hay enemistad
entre árabes y judíos. En verdad, los judíos son
primos adnaneos de los árabes por parte del
padre, que era descendiente de Abraham, que la
paz sea con él. Cuando los judíos fueron
perseguidos, sus hermanos árabes los invitaron a
vivir junto a ellos en la ciudad de al-Medina.
Incluso les dieron la tierra de Wadi al-Qura,
que lleva ese nombre en alusión a las aldeas
judías. Tras la aparición del Islam bajo el
profeta Mahoma, que la paz y las bendiciones
sean con él, a los judíos les pareció
desagradable la noción de que hubiese un profeta
que no pertenecía a sus filas, por lo que se
mostraron hostiles hacia él. Se produjeron
algunos ataques contra ellos, así como contra
los de la tribu de Quraish, que se negaron a
aceptar el Islam, y contra los árabes que
inicialmente aceptaron el Islam pero luego lo
rechazaron. Los judíos, junto con los árabes,
fueron expulsados de Andalucía a finales del
siglo XV. Todos se refugiaron en los países
árabes. Por eso en todos los países árabes hay
un barrio judío. Allí vivieron en paz y amistad
con sus hermanos árabes.
Soluciones propuestas sobre la
base de un Estado Único
Propuestas británicas
A. Plan Walkhope
Fue propuesto por el Alto
Comisionado Británico en Palestina a comienzos
del decenio de 1930. Preveía la creación de un
Consejo Legislativo Palestino integrado por 11
miembros musulmanes, 4 cristianos y 7 judíos,
una distribución proporcional a la composición
demográfica que tenía entonces Palestina.
B. Plan Newcomb
i.
Creación de un Estado palestino soberano e
independiente
ii. Amplia
libertad religiosa
iii. Amplia
libertad municipal
iv.
Descentralización
C. Documento Blanco
británico de 1939
i. Estado
palestino federal independiente
ii. Consejo
Consultivo integrado por árabes y judíos
iii. Consejo
Ejecutivo integrado por árabes y judíos
D. Plan de Lord Morrison
i. Gobierno
central
ii. Cuatro
zonas administrativas: zona árabe, zona judía,
Jerusalén y el Neguev
iii. Gobierno
local y Consejo Legislativo para cada zona
Todas estas
propuestas fueron rechazadas por motivos no
sustantivos; por ejemplo, insatisfacción con las
dimensiones de las zonas o de las ciudades
asignadas a alguna de las partes, divergencias
en cuanto a la duración del mandato británico, o
cuestiones relacionadas con el número de
inmigrantes.
Las propuestas sionistas
1. La primera propuesta fue
formulada por la denominada “Federación de la
Paz”, liderada por Rabbi Benjamin, que abogaba
por un Estado binacional. Se les advirtió a los
judíos que el hecho de no aceptar un Estado
binacional único no les traería la paz. Tal como
se predijo, eso es exactamente lo que ha
sucedido.
2.La solución confederada o
federal propuesta por Meir Emmit, un prominente
líder del movimiento sionista y de la
organización Haganah, que ocupó varios cargos
importantes y prominentes en el ámbito militar y
fue también, entre otras cosas, miembro del
Knesset y ministro del gabinete.
Emmit considera que una
concesión estratégica sobre la tierra ocupada,
con lo que se refiere naturalmente a territorios
tales como el Sinaí, el Golán, la Ribera
Occidental y Gaza, equivaldría a renunciar a
logros tangibles sin recibir a cambio, a su
juicio, compensación alguna. Si bien Egipto
había ofrecido algo a cambio, su posición se vio
sometida a un cambio súbito. Examina la
viabilidad de crear un Estado federal, para lo
que menciona los ejemplos de la Unión Europea,
de los Estados Unidos de América – que, según
él, pasaron por 13 años de turbulencias antes de
llegar a 1789 – y de Nigeria, que a su criterio
es un Estado que alberga a múltiples naciones y
denominaciones. Sostiene que existen en
Palestina las condiciones económicas, militares,
geográficas e históricas que permitirían una
solución de esa índole.
Señala también que la creación
de un Estado palestino independiente
constituiría un grave peligro. Para evitar esos
peligros, se debe crear un Estado federal único.
“El problema de Jerusalén – señala – se puede
resolver sencillamente haciendo de ella la
capital federal”.
3. Propuesta de los sionistas
alemanes: En la decimosegunda Conferencia de
Sionistas Alemanes (Escuela Estructuralista),
convocada el 11 de septiembre de 1921, se adoptó
el concepto de crear un Estado único para ambas
partes, y de esa manera “establecer un lugar en
alianza con el pueblo árabe palestino en aras de
nuestra seguridad conjunta en un país en
desarrollo. La estructura del Estado garantizará
el desarrollo nacional de cada integrante de
cada uno de nuestros dos pueblos sin
interferencias ni prejuicios”.
Propuestas árabes
1. La primera propuesta del
Rey Abdallah
i. Un reino
ii. Administración elegida
por los judíos en las zonas que habiten
iii. Un Parlamento, en el
que los judíos estarían representados en forma
proporcional a su proporción demográfica
iv. Gabinete mixto
2. La segunda propuesta
del Rey Abdallah
Partición de Palestina entre el
Líbano, Jordania y Egipto, y el resto para los
judíos
3. La propuesta de Nuri
Al-Said de 1942
i. Un Estado
ii. Autonomía judía dentro
de ese Estado
Todas las propuestas anteriores
a 1948 abogaban a favor de un Estado único y en
algunas se trataba a los judíos de la misma
manera en que se trata ahora a los palestinos,
es decir, se les ofrecía autonomía y la
partición de la tierra.
Por consiguiente, el rechazo de
la noción de un Estado único es el error
histórico que subyace a la tragedia actual.
También es un error emitir una declaración por
la que una parte crea un Estado para su propio
beneficio. Ha quedado demostrado que el concepto
de partición ha fracasado, y seguirá fracasando.
Antes de 1948 a los judíos se
los trataba exactamente de la misma manera en
que hoy se trata a los palestinos. Eran minoría
en Palestina; en algún momento albergaron
ilusiones de lograr la autonomía, y en otro
albergaron ilusiones de contar con zonas judías
autónomas. Los palestinos eran mayoría. Por eso
rechazaron la conocida resolución de 1947
relativa a la partición. Después de 1948 se
invirtió la situación. Los palestinos pasaron a
ser minoría como consecuencia de las guerras de
1948 y de 1967. Los judíos pasaron a ser mayoría
en la zona denominada Israel. A los árabes se
les hicieron promesas en materia de autonomía,
zonas árabes y partición, tal como se les habían
hecho previamente a los judíos.
La solución histórica y
definitiva es la que se propone en este libro,
el Libro Blanco.
El propósito de esta revisión de
las diversas propuestas consiste en recordar que
la noción de un Estado único en Palestina
siempre ha estado presente en la mesa de
negociación. El rechazo de esa solución es la
causa de la tragedia que padece hoy la región.
La alternativa a la solución de un Estado único
es lo que tenemos ante nosotros en la
actualidad.
La solución por la que se
crearían dos Estados: riesgos y errores
Un erudito israelí, un brigadier
que se desempeñó como comandante militar en la
Ribera Occidental entre 1974 y 1976, dijo una
vez que no era posible aceptar la partición de
Palestina ni aceptar un régimen extranjero en el
territorio de Israel. Justificó su negativa con
los siguientes argumentos, de los que no se
puede hacer caso omiso debido a su carácter
crucial.
La Ribera Occidental tiene una
extensión transversal de 50 km. Es una zona
montañosa, con alturas que llegan hasta los
1.000 metros, y con vista al centro vital de
Israel, una planicie costera que tiene apenas
entre 14 y 20 km de ancho. El 67% de la
población de Israel vive en esa zona, que
alberga también el 80% de las industrias de
Israel. La presencia de otra parte en la Ribera
Occidental plantea una amenaza directa para el
centro vital de Israel. Por lo tanto, no se la
puede aceptar.
El Brigadier Mieer Bael es una
paloma, miembro de la izquierda sionista y del
Consejo de Paz. Pese a ello, ha señalado
categóricamente: “Tenemos un derecho histórico a
la Ribera Occidental. Muchos creen que es ‘el
corazón de la nación judía’. Nuestro derecho a
retenerla es un derecho sagrado prescripto en
los deberes y tradiciones religiosos e
históricos en que cree el pueblo de Israel”.
Arie Shalev, erudito y
brigadier, expone los mismos argumentos para no
ceder la Ribera Occidental sobre la base de
motivos vitales de seguridad. “Si perdiésemos la
Ribera Occidental – escribe – la extensión de
Israel entre Tulkarem y Netania sería de apenas
15 km, y entre Qalqiliyah y la costa de Hertzlia
de apenas 14 km. Israel quedaría entonces
expuesto debido a la falta de profundidad
estratégica ante cualquier amenaza. En el caso
de que estallara una guerra en la Ribera
Occidental, Israel quedaría dividido en dos o
tres partes si un ejército árabe lograra llegar
a la costa”. Y añade: “Incluso sin una guerra,
Israel quedaría sometido a una constante amenaza
desde la Ribera Occidental. El espacio aéreo
israelí también estaría a merced de la Ribera
Occidental”.
Señala además: “Para garantizar
la seguridad de Israel, hay que dividir la
Ribera Occidental en tres posiciones defensivas,
a saber, el valle del Jordán, las estribaciones
de las montañas de Samaria y el desierto de
Judea, y las altas montañas que conectan a Jenín.
Tobas, Nablus, las alturas de Lafuna, Ramallah,
Jerusalén, Belén y Tikwa. Además, hay que
establecer líneas fijas de defensa en el sur de
la Franja de Gaza. Cualquier zona de separación
entre palestinos e israelíes no sería una fuente
de seguridad para los israelíes. En verdad,
sería un factor constante de irritación en
materia de seguridad”. Sin embargo, agrega, “las
políticas de Israel han envenenado la idea
sionista de transformar el país en un Estado
binacional”.
El profesor Shalom Evener
señala: “La controversia israelo-palestina
difiere de todas las otras controversias de los
siglos XIX y XX. Dichas controversias han sido
esencialmente controversias sobre fronteras,
pese a que algunas de ellas duraron más de 100
años. La esencia de la controversia israelo-palestina
difiere de todas ellas, sin embargo. Es una
lucha entre dos movimientos, cada uno de los
cuales considera que un mismo territorio le
pertenece o forma parte de su patria. Así pues,
los palestinos, aunque obtengan la Ribera
Occidental y Gaza, consideran que lo que ahora
se denomina Israel forma parte de su nación. Del
mismo modo, los judíos consideran que la Ribera
Occidental es Judea y Samaria, y, aunque se cree
allí un Estado palestino, la consideran parte de
su patria”. Con respecto a la Ribera Occidental,
escribe: “Para los judíos, es su patria
histórica, sede de un patrimonio glorioso y
tierra de salvación. Para los árabes, es su
tierra. La han regido como árabes y musulmanes
desde el siglo VII. La mayoría de sus habitantes
son musulmanes árabes. Forma parte de la gran
patria árabe, que se extiende desde el Golfo
hasta el Océano Atlántico. Por consiguiente, no
difiere del Yemen o del Iraq”. Señala también
que los árabes la llaman Palestina o Siria
meridional. El movimiento sionista, por el
contrario, la llama la tierra de Israel. En una
situación de esa índole, señala, “uno de los dos
movimientos debe destruir al otro, o se debe
llegar a una avenencia. La avenencia consiste en
la creación de un Estado para todos, en el que
cada una de las partes sienta que vive en la
totalidad de la tierra que es objeto de la
controversia y que no se ve privada de ninguna
porción de ella. El reconocimiento de la libre
determinación de los palestinos implica nada más
que la definición del ámbito de actividad que
les permite Israel”. El profesor Evener se opone
a esa solución porque, a su juicio, no es una
solución en absoluto. Asimismo, señala: “No
estoy de acuerdo con la creación de un Estado
palestino en la Ribera Occidental y en la Franja
de Gaza, porque no se puede separar de su
identidad palestina a un millón de palestinos
que viven al este del Jordán. Un Estado
palestino en la Ribera Occidental y en la Franja
de Gaza no puede solucionar el problema de los
refugiados, ni siquiera de los que viven en el
Líbano y en Siria. Toda situación que mantenga a
la mayoría de los palestinos en campamentos de
refugiados y no ofrezca una solución honorable
dentro de las fronteras históricas de
Israel/Palestina no es una solución. La
creación, en la Ribera Occidental y en la Franja
de Gaza, de un Estado palestino dispuesto a
vivir en paz con Israel, incluso bajo un
liderazgo moderado que no sea el de la
Organización de Liberación de Palestina (OLP),
tampoco sería una solución, ya que no abordaría
el problema de los refugiados y de la
repatriación, ni siquiera en cuanto al
establecimiento de los refugiados procedentes
del Líbano en la Ribera Occidental y en la
Franja de Gaza. Esa zona es sencillamente
demasiado pequeña para acoger un número tan
elevado de personas”. Yahu Shifat Herkabi,
estratega sionista, erudito, profesor
universitario especializado en la controversia
árabe-israelí y autor de varios libros, señala:
“La aceptación de un Estado palestino en la
Ribera Occidental por parte de la Organización
de Liberación de Palestina no es nada más que un
movimiento táctico para solucionar sus cuentas
pendientes con Israel. Exigirá más. Continuará
su lucha con el fin de lograr sus objetivos
ulteriores. La aceptación de un Estado en la
Ribera Occidental y en la Franja de Gaza
sencillamente aplaza hasta una etapa ulterior la
prosecución de la lucha”.
“Las zonas desmilitarizadas han
sido un fracaso absoluto. El control y la
soberanía sobre dichas zonas son dudosos y
difusos. Por consiguiente, son fuente de
conflicto, y no de estabilidad”.
“La creación de un Estado
palestino independiente pondría también fin al
sueño israelí de un Gran Israel, y obligaría a
los palestinos a conceder el resto de Palestina.
Ese pequeño Estado sería vulnerable a crecientes
injerencias de Jordania y de Israel en sus
asuntos internos, lo que llevaría
inevitablemente a un conflicto violento”.
Mati Steinberg, profesor de la
Universidad Hebrea, señala: “El acuerdo respecto
del objetivo de transición de crear un Estado
palestino en la Ribera Occidental y la Franja de
Gaza no debería interpretarse en modo alguno
como una concesión que reemplaza el objetivo
final. Este tipo de avenencia no es más que una
breve etapa en el marco de la opinión
convencional, que no ha cambiado”. El profesor
sionista teme que un acuerdo respecto del
ejercicio de la libre determinación podría tener
que aplicarse también a los denominados árabes
israelíes y a los palestinos de Jordania.
La solución histórica
fundamental: “Isratina”, un Estado único para
judíos y palestinos
Requisitos
El primer requisito es el
retorno de los refugiados y desplazados
palestinos, dondequiera que estén y si así lo
desean. No es admisible que se pueda traer del
exterior a judíos que originariamente no eran
habitantes de Palestina y cuyos ancestros
originariamente no eran habitantes del país y
que no se reconozca el mismo derecho a los
palestinos que huyeron de Palestina como
refugiados y desplazados hace muy poco tiempo,
tras la guerra de 1948. Los judíos sostienen que
ellos no expulsaron a los palestinos. Dicen que
los palestinos creyeron en la propaganda y
abandonaron sus hogares. Basta señalar que uno
de los más famosos fanáticos, Samuel Katz,
miembro del primer Knesset y dirigente del
movimiento Herut y de la Organización Militar
Nacional Etzel, citó las palabras de Glubb Pasha:
“Los ciudadanos árabes se sintieron sobrecogidos
de terror y huyeron de sus aldeas sin haberse
visto expuestos a ninguna amenaza durante la
guerra”.
Katz sugiere que esa es la
manera en que surgió la mentira según la cual
los judíos expulsaron a los árabes de sus
aldeas. Señala: “Los corresponsales que
cubrieron la guerra de 1948, y que en su mayoría
eran hostiles hacia los judíos, dijeron que los
árabes estaban huyendo, pero no dijeron que se
habían visto obligados a huir. Ni siquiera lo
insinuaron”. Ese escritor admite, entonces, que
se produjo un fenómeno inusual, a saber, que los
habitantes huyeron de sus hogares. Admite
también que ese fenómeno se produjo en gran
escala. Reconoce, además, que se trató de una
fuga masiva de agricultores, que
tradicionalmente sienten un firme apego por sus
tierras. Añade que “los hombres huyeron sin
defender sus hogares. La fuga masiva, colectiva
y en gran escala de esos palestinos requiere una
explicación lógica”. Cita también las palabras
del corresponsal del Times en Amman, quien
señaló que Siria, el Líbano, la zona oriental de
Jordania y el Iraq se habían “llenado” de
personas que huían de Israel y expresó su
sorpresa ante la manera en que huían y ante el
motivo por el que no se quedaban ni resistían.
Katz cita también al Secretario de la Autoridad
Árabe Suprema, Emil al-Ghuri, quien pronunció
las siguientes palabras ante la comisión
política de las Naciones Unidas el 17 de
noviembre de 1960: “Los actos de terror de los
sionistas y las matanzas en masa fueron la causa
del éxodo masivo de los árabes de Palestina. Se
podría haber cortado de raíz la propagación de
esas mentiras”.
El propósito de estas extensas
citas es subrayar dos cuestiones. La primera
consiste en reconocer que se produjo un éxodo
masivo. La segunda consiste en dejar en claro
que los motivos del éxodo radican en la
propagación de rumores aterrorizadores y falsos
acerca de matanzas que en verdad nunca
ocurrieron, en particular los tristemente
célebres hechos que según se dijo habían
ocurrido en la aldea de Deir Yassin.
Estas citas y testimonios, y las
pruebas que contienen, son apenas parte de un
vasto corpus de conocimientos acerca del tema.
Figuran en este Libro Blanco con el propósito de
que podamos valernos de ellos en nuestra
búsqueda de una solución definitiva. Los
testimonios de dirigentes sionistas,
personalidades del ámbito académico y
observadores neutrales permiten establecer lo
siguiente:
Primero, que los palestinos
vivían en esas tierras y poseían allí granjas y
viviendas hasta 1948 y 1967.
Segundo, que se marcharon de
esas tierras en 1948, abandonando sus granjas y
viviendas, por temor a las matanzas,
independientemente de que esas matanzas hayan
ocurrido o no.
Tercero, que líderes prominentes
y personalidades del ámbito académico
pertenecientes al movimiento sionista, incluidas
personas que participaron en el conflicto de
1948, han afirmado que los judíos no expulsaron
a los palestinos de Palestina, ni de sus
granjas, ni de sus hogares. En verdad, los
palestinos dieron crédito a los terribles
rumores que circulaban y, aterrorizados, huyeron
de Palestina.
Cuarto, que quienes huyeron
constituyen un grupo numeroso, y que el éxodo
alcanzó una escala considerable.
Esto es positivo: nos ayudará a
solucionar el problema.
Por lo tanto, los judíos no
odian a los palestinos. No quieren expulsar a
los palestinos de su tierra, Palestina. No
decidieron masacrarlos, pese a lo que sugerían
los rumores. Ni siquiera la masacre de Deir
Yassin ocurrió. En verdad, fueron los árabes no
palestinos los que atacaron Palestina y
declararon la guerra a los judíos.
Para hallar una
solución al problema, permítasenos creer todo lo
anterior y volver a fojas cero, al punto de
partida, es decir, el retorno de los palestinos
que se marcharon de Palestina entre 1948 y 1967.
Los judíos subrayan que ellos no expulsaron a
los palestinos. Estos huyeron por los motivos ya
mencionados. Lógicamente, esto implica que ni
siquiera los judíos, que han ocupado la tierra,
pueden oponerse a que los palestinos permanezcan
allí. Esta es la clave para solucionar el
problema, a saber, el retorno de los refugiados
palestinos a Palestina. Esta medida tendría el
efecto de hacer que todo volviese a estar en el
lugar que corresponde. Cumpliría con la
resolución de las Naciones Unidas de 11 de
diciembre de 1948, en cuyo párrafo 11 se insta
al retorno de los refugiados. No hay ninguna
base legítima ni derecho legal que permita
oponerse a ese llamamiento.
Para solucionar el
problema debemos tener en cuenta las enseñanzas
de la historia. Como hemos visto, en el Antiguo
Testamento y en la historia de la región hay
constancias de que Palestina fue testigo de
sucesivas transferencias de tribus y de pueblos.
Fue objeto de una lucha por la totalidad de la
tierra, y no por ninguna porción en particular.
Los palestinos fueron sus habitantes originales
– el nombre Palestina deriva de los filisteos –,
y los judíos y el movimiento sionista
denominaron a esa tierra Palestina hasta 1948.
Asimismo, y como ya hemos señalado en esta obra,
todo movimiento, banco o institución sionista
supo llevar el nombre “Palestina”, una práctica
que según su propio testimonio continuó hasta
1948.
Como ya hemos
señalado, y como lo demuestra claramente la
historia de la región, nadie tiene entonces
derecho a reclamar para sí la totalidad de
Palestina ni derecho a otorgar parte de
Palestina a otros.
El inevitable fracaso de la
partición
Dos Estados vecinos que existan
el uno junto al otro
1. Ante todo, no serán dos
Estados vecinos que existan el uno junto al
otro. Están entrelazados, interconectados e
intercalados en términos demográficos y
geográficos.
2. Si se creara otro
Estado en la Ribera Occidental, la extensión
transversal del denominado Estado de Israel
sería de apenas 14 km. Los israelíes jamás
permitirían algo así.
3. Todas las ciudades
costeras estarían a merced de la artillería de
campo y de mediano alcance desde cualquier punto
de la Ribera Occidental.
4. Véanse las observaciones
formuladas en la sección titulada: Dos Estados,
riesgos y errores.
5. Cualquier zona de
amortiguación se convertiría en una fuente de
irritación en el plano de la seguridad, y no en
una fuente de seguridad. Sería objeto de una
batalla por el control o por la obtención de
ventajas. En la historia internacional,
tradicionalmente las zonas de amortiguación han
sido la causa de muchas guerras y conflictos.
6. Los palestinos no
aceptarían un Estado pequeño. Quieren un Estado,
un Estado que esté armado para poder defenderse.
Tendría el derecho de armarse hasta el mismo
nivel que los Estados vecinos. Se trata de un
derecho natural y legítimo que nadie puede
objetar.
7. La totalidad de la región,
desde el río Jordán hasta el Mediterráneo, no es
en modo alguno suficientemente amplia para
albergar dos Estados.
8.La Ribera Occidental y la
Franja de Gaza no son suficientemente amplias
para acoger a los refugiados, en especial a los
que están en el Líbano y en Siria, para no
mencionar a los que están diseminados en otras
regiones del mundo.
9. Existe el problema de los
que han sido desplazados recientemente. ¿Adónde
irían? La Ribera Occidental y la Franja de Gaza
no son la tierra para los que han sido
desplazados de otras zonas.
10. El denominado Estado de
Israel no es suficientemente extenso para acoger
nuevos inmigrantes.
11. La asimilación ya
existe, y podría convertirse en un modelo para
que las dos partes se asimilen en un Estado
único. En la actualidad, dicha asimilación
constituye la base sobre la que se podría
construir un Estado único.
Hay un millón de palestinos
en el denominado Estado de Israel. Tienen
nacionalidad israelí y participan en la vida
política junto con los judíos. Forman sus
propios partidos políticos. Con el paso del
tiempo pasarán de ser un millón a ser varios
millones. Lo mismo se puede decir respecto de
los denominados asentamientos israelíes en la
Ribera Occidental y en la Franja de Gaza. Si
bien actualmente viven allí varios centenares de
miles de judíos, con el paso del tiempo esa
cifra llegará a ser de más de un millón. La
creación del denominado Estado de Israel en 1948
no creó un Estado solamente para los judíos.
Allí viven también cristianos y judíos
ortodoxos, musulmanes y musulmanes drusos,
árabes e israelíes, falashas y otros.
12. La existencia de cada
una de las partes depende de la existencia de la
otra. Las fábricas israelíes emplean mano de
obra palestina. Las partes intercambian bienes y
servicios.
13. El conocido sionista
Mieer Bael, cuyas opiniones ya han sido citadas
en este texto, reitera este aspecto: “Los dos
grupos (palestinos e israelíes) se integran cada
vez más año tras año”. Por un lado, esta
integración se logra a través de los
asentamientos judíos en la Ribera Occidental y
en la Franja de Gaza; por otro, según Bael, la
integración se ve impulsada aún más por la
expansión masiva de la mano de obra árabe en
todo Israel.
En cada edificio que se
construye, en cada campo que se siembra, en cada
fábrica que necesita obreros, en cada hotel,
restaurante o servicio de limpieza municipal, y
en cada dependencia de servicios públicos
trabajan diariamente decenas de miles de
palestinos de todas las regiones del país. Allí
trabajan jóvenes palestinos de Nablus, Gaza,
Tiba, Galilea y Hebron. Ante esta situación,
sería sencillamente inviable y muy poco práctico
dividir a Palestina en dos Estados. Con la
partición no habría un Estado denominado Israel,
ni un Estado denominado Palestina. Por lo tanto,
quienes abogan por la partición de Palestina en
dos Estados o bien desconocen el carácter de la
región y su demografía o bien quieren librarse
del problema y dejarlo en manos de los judíos y
de los palestinos. Podría parecer que de esa
manera solucionamos el problema, pero no
estaríamos actuando de manera sincera: habríamos
hecho poco más que sentar las bases de un nuevo
conflicto.
La Tierra de los
Antepasados/La Tierra Prometida
Los palestinos
consideran que las ciudades costeras de Acre,
Haifa o Jaffa y otras son ciudades suyas, como
la tierra de sus antepasados, que les fue
transferida de generación en generación. Hace
muy poco tiempo en realidad vivían allí, y la
prueba de ello es que actualmente viven en
campamentos de refugiados. ¿De dónde provienen
los habitantes de los campamentos de la Ribera
Occidental y de la Franja de Gaza? No provienen
de la Ribera Occidental ni de la Franja de Gaza,
sino que huyeron hacia allí tras la guerra de
1948.
Esas personas jamás
aceptarán nada menos que la tierra de sus
antepasados, de la que se marcharon en 1948. ¿Y
los refugiados que viven en los campamentos del
Líbano y de Siria? ¿Dónde está su tierra, la
tierra de sus antepasados? ¿Y los palestinos de
la Diáspora? En cuanto a los judíos, ellos
piensan que la Ribera Occidental es su
territorio sagrado, si no el corazón de la
nación judía. No la llaman Ribera Occidental,
sino Judea y Samaria. ¿Cómo podemos privar a un
pueblo de la tierra de sus antepasados? ¿Cómo
podemos privar a un pueblo de la tierra a la que
consideran sagrada?
Según un erudito
sionista, Alov Harabin, el problema consiste en
un conflicto entre dos pueblos respecto de la
propiedad de una porción de tierra. Jaim
Weitzman, en su famosa frase del decenio de
1930, dijo: “El problema es que ambas partes
tienen razón”.
¿Cómo podemos
sustituir la una o la otra? Sencillamente, no es
posible. Y sería inaceptable tratar de hacerlo.
Los judíos, y especialmente los religiosos, no
aceptarían nada que pretenda sustituir la tierra
que, según sus creencias, es sagrada, y los
palestinos, especialmente los intransigentes, no
aceptarán nada que pretenda sustituir la tierra
de sus antepasados.
Si se crean dos
Estados pequeños, cada una de las partes seguirá
luchando contra la otra. Los palestinos lo harán
para vivir en la tierra de sus antepasados, y
los judíos lo harán para vivir en la Tierra
Prometida.
Por consiguiente, la
solución radica en aprovechar las circunstancias
actuales y la realidad histórica de la
situación. Esto debería llevar a la creación del
Estado de “Isratina”, hogar de palestinos y de
israelíes. Esto permitiría que ambos circulasen
y viviesen donde quisiesen. El que crea que la
Ribera Occidental es su tierra, puede vivir allí
o viajar allí si lo desea. Podría incluso
llamarla Judea y Samaria, si así lo prefiriese.
Del mismo modo, si un palestino quisiera vivir
en las ciudades costeras de Acre, Haifa, Jaffa,
Tel Aviv, Jadwal y las demás, o viajar allí,
podría hacerlo. De este modo se volvería a la
situación anterior, y se pondría fin a la
injusticia y a las privaciones. No hay una
enemistad histórica entre judíos y árabes. La
única hostilidad es la que se produjo entre los
judíos y los romanos en la antigüedad y la que
se produjo entre judíos y europeos en un pasado
más reciente.
Tras la larga
historia de discriminación y persecución que
sufrieron los judíos a manos de los romanos, los
reyes de Europa, y tras su expulsión de
Andalucía, fueron los árabes quienes los
acogieron y les brindaron solaz y
protección.
Alov Harabin, el
erudito sionista ya mencionado, señala: “Los
palestinos dicen: ‘¿Por qué nos debería
corresponder solamente a nosotros pagar el
precio de la persecución que sufrieron los
judíos en Europa?’”. Esto demuestra que los
palestinos jamás persiguieron a los judíos. Los
judíos dicen: “Nosotros no expulsamos a los
palestinos. Fueron los árabes no palestinos
quienes nos declararon la guerra en 1948”.
Esto constituye una
prueba indudable, que sin duda se puede
aprovechar en pro de una solución por la que se
cree un Estado que integre a las dos partes.
Añade Alov: “El
encuentro de israelíes y palestinos es el
encuentro de dos pueblos que han vivido
tragedias crueles y dolorosas mientras otros
simulaban no percatarse de ello”. Luego de
culpar a los palestinos de haber rechazado a los
judíos después de que estos fuesen despreciados
en Europa, añade: “Sin duda, los palestinos
tienen sus motivos para haber asumido esa
actitud. ¿Acaso hemos oído alguna vez que un
pueblo le ha abierto sus puertas a otro y le ha
entregado voluntariamente parte de su tierra
para que ese otro pueblo pueda crear su propia
entidad?” Alov se refiere a la respuesta del
pueblo palestino ante la inmigración judía a
Palestina – una inmigración de judíos que no
conocían Palestina – cuando había otros
candidatos potenciales, tales como Uganda y la
Argentina.
Conclusiones
1. La superficie de
la tierra es muy angosta para que dos Estados
puedan coexistir el uno junto al otro.
2. Los dos Estados
entrarían en conflicto, porque cada uno de ellos
considera que su tierra forma parte de la tierra
del otro, y cada uno de los Estados pequeños se
sentiría amenazado por la otra parte.
3. Ninguno de los
dos podría absorber inmigrantes judíos y
refugiados palestinos.
4. Cada una de las
partes tiene asentamientos en tierra de la otra.
Hay al menos un millón de palestinos que viven
en el denominado Estado de Israel y al menos
medio millón de israelíes que viven actualmente
en la Ribera Occidental y en la Franja de Gaza.
Hay también otros grupos religiosos, tales como
los drusos, los católicos, los cristianos y los
musulmanes. La región proporciona un modelo de
integración y coexistencia.
5. En las fábricas
israelíes trabajan obreros palestinos.
6. Se necesita
confianza mutua, si no integración, respecto de
bienes y servicios.
Notas finales
1. Retorno de los
refugiados y desplazados palestinos a sus
hogares.
2. Un solo Estado. El
Líbano sirve de ejemplo.
3. Elecciones
libres bajo la supervisión de las Naciones
Unidas en las dos primeras ocasiones.
4. Remoción de las
armas de destrucción en masa del nuevo Estado y,
si las hubiere, del Oriente Medio.
5. Finalizaría así
el conflicto del Oriente Medio. El nuevo Estado
sería como el Líbano. Sería reconocido e incluso
podría ingresar a la Liga Árabe.
Es posible que existan algunas
objeciones respecto del nombre. Esas objeciones
superficiales no serían útiles, e incluso
podrían ser nocivas. Quienes plantean esas
objeciones lo hacen sobre la base de
consideraciones irracionales y emocionales.
Tenemos que elegir entre la seguridad de los
judíos, para que puedan vivir en paz con los
palestinos en un Estado único e integrado, y la
retención del nombre, con lo que se sacrificaría
la seguridad de los judíos y la paz en el
Oriente Medio y en el mundo entero.
No debemos prestar atención a
las voces de la vieja guardia ni a la mentalidad
de la Segunda Guerra Mundial. Antes bien,
debemos escuchar las voces de los jóvenes, la
generación de la mundialización, la generación
del futuro
La vieja mentalidad es la que
está por detrás de la tragedia actual.
Sin lugar a dudas, un Estado
exclusivamente judío podría ser blanco de
amenazas árabes e islámicas. Un Estado integrado
que incluyera a musulmanes y a judíos, a árabes
y a israelíes, jamás se vería sometido a la
amenaza de un ataque árabe o musulmán.
Desde 1967, la situación
consiste, de hecho, en un Estado isratino
(Israel/Palestina) único. Incluso los ataques de
los guerrilleros “fedayeen” se organizaron desde
el otro lado de las fronteras de ese Estado.
Los ataques que llevan a cabo
actualmente guerrilleros “fedayeen” no los
organizan los árabes de 1948, como se los
denomina, sino palestinos que no figuran entre
los denominados árabes israelíes. Eso es un
claro ejemplo del éxito de un Estado único e
integrado: Isratina.
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