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EL SISTEMA DE GOBIERNO
El
problema político del sistema gubernamental es el más importante
de aquellos que se presentan a las sociedades humanas.
A menudo,
el conflicto que surge en el seno de una familia tiene su origen
en este problema.
Este
problema ha adquirido mayor gravedad después de la aparición de
las sociedades modernas.
Actualmente, los pueblos se enfrentan a este problema
persistente y las sociedades soportan los numerosos riesgos y
extremas consecuencias que de él se derivan. Estas sociedades no
han tenido todavía éxito para encontrarle una solución
definitiva y democrática. Este «Libro Verde» presenta la
solución teórica definitiva al problema a del «aparato
gubernamental».
En el
mundo actual, la totalidad de los regímenes políticos son el
resultado de la lucha que libran los distintos sistemas de
Gobiemo para alcanzar el poder, ya sea esta lucha pacifica o
armada, como la lucha de clases, de sectas, de tribus, de
partidos o de individuos se liquida siempre por el éxito de uno
de esos sistemas, individuo, grupo, partido o clase y por la
derrota del pueblo, en consecuencia, la derrota de la verdadera
democracia.
La lucha
política que conduce a la victoria de un candidato con, por
ejemplo, el 51 por 100 del conjunto de los votos de los
electores, conduce a un sistema dictatorial, pero bajo un
disfraz democrático. En efecto, 49 por 100 de los electores
están gobernados por un sistema de Gobierno que ellos no han
elegido y que, por el contrario, les ha sido impuesto. Y esto es
la dictadura. Esta lucha política puede conducir también a la
victoria de un sistema de poder que no represente mas que a la
minoría, especialmente cuando los votos de los electores se
reparten entre un conjunto de candidatos de los que uno de ellos
obtiene mas votos que cada uno de los otros considerados
individualmente. Pero si se sumasen los votos obtenidos por los
«derrotados», se conseguiría una gran mayoría. Sin embargo, es
proclamado vencedor el que tiene el menor numero de votos, y su
éxito; ¡se considera legal y democrático! Pero, en realidad, se
instaura una cobertura democrática falsa.
Esta es
la verdad de los regímenes políticos que dominan el mundo
actual. Su falsificación de la verdadera democracia aparece
claramente: se trata de regímenes dictatoriales.
LAS
ASAMBLEAS PARLAMENTARIAS
Las
Asambleas parlamentarias son la columna vertebral de la
democracia clásica moderna que domina el mundo.
La
Asamblea parlamentaria es una representación desvirtuada del
pueblo y los sistemas parlamentarios constituyen una solución
truncada al problema de la democracia; la Asamblea parlamentaria
se constituye, fundamentalmente, como representante del pueblo,
pero su fundamento no es, en realidad, democrático, ya que la
democracia es el poder del pueblo y no el poder de un sustituto
del pueblo... El hecho mismo de la existencia de una Asamblea
parlamentaria significa la ausencia del pueblo, pues la
verdadera democracia no puede establecerse mas que por la
participación del propio pueblo, y no a través de la actividad
de sus sustitutos. Las Asambleas parlamentarias se van
convertido en la barrera legal entre el pueblo y el ejercicio
del poder al excluir a las masas del ejercicio de la política y
monopolizar la soberanía popular por si misma en sustitución de
las masas y a los pueblos no les queda mas que la falsa
apariencia democrática, que se manifiesta en co1orarse en largas
filas para depositar las papeletas de voto en las urnas
electorales.
A fin de
poner al desnudo la realidad de la Asamblea parlamentaria, nos
es preciso buscar su procedencia: o bien es elegida en
circunscripciones electorales, o bien es constituida por un
partido o una coalición de partidos o por designación. Pero
ninguno de estos medios es democrático, pues el reparto de los
habitantes en circunscripciones electorales significa que un
solo diputado representa, según el numero de habitantes, a
miles, a centenares de miles o a millones de ciudadanos. Esto
significa también que el diputado no esta vinculado por un lazo
orgánico popular con los electores, puesto que es considerado,
según la democracia clásica existente, como el representante de
todo el pueblo junto con los restantes diputados. A partir de
ahí, las masas se separan definitivamente del diputado y el
diputado se separa definitivamente de las masas. Por lo tanto,
desde que recibe los votos, el diputado se convierte en
monopo1io de su soberanía y obra en su lugar y así vemos que la
democracia clásica que actualmente existe en el mundo, otorga a
los miembros de las Asambleas parlamentarias una veneración y
una inmunidad que niega a los miembros del pueblo. Esto
significa que las Asambleas parlamentarias se van convertido en
un medio de usurpar y de monopolizar el poder del pueblo y, por
ello, los pueblos tienen hoy derecho a luchar a través de la
revolución popular, para destruir los instrumentos de la
monopolización de la democracia y de la soberanía que niega la
voluntad de las masas y que se llaman Asambleas parlamentarias,
y a proclamar su grito resonante representado en un nuevo
principio: »El pueblo no puede ser sustituido por nadie».
Cuando la
Asamblea parlamentaria se forma como consecuencia del triunfo de
un partido en unas elecciones es una Asamblea de partido, y no
la Asamblea del pueblo, y representa a un partido y no al
pueblo; y el poder ejecutivo detentado por la Asamblea
parlamentaria es el poder del partido vencedor y no el poder del
pueblo. Lo mismo ocurre con la Asamblea parlamentaria en el seno
de la cual cada partido dispone de un cierto numero de escaños;
los titulares de estos escaños son los representantes de su
partido y no los representantes del pueblo y el poder que emana
de una coalición semejante es el de los partidos de la coalición
y no el poder del pueblo. En tales regímenes, el pueblo es la
presa por la que se combate y es entonces explotado y sometido
por los sistemas políticos que combaten entre sí para alcanzar
el poder, para arrancar votos al pueblo, mientras que este se
alinea en filas silenciosas, que se mueven como un rosario, a
fin de depositar las papeletas en las urnas, de igual modo que
echaría otros papeles en los cubos de la basura... Esta es la
democracia clásica que domina al mundo entero, bien se trate de
regímenes de partido único, de regímenes bipartidistas o
multipartidistas, e, incluso, sin partidos; Así se demuestra
claramente que «la representación es una impostura».
En cuanto
a las Asambleas que se forman por la designación o la sucesión
no tienen ningún aspecto democrático.
Teniendo
en cuenta que el sistema de elección de Asambleas parlamentarias
descansa sobre la propaganda para alcanzar votos, se deduce que
se trata de un sistema demagógico, en el verdadero sentido de la
palabra. Es posible comprar y manipular los votos al mismo
tiempo que es imposible para los más pobres competir en las
luchas electorales, las cuales las ganan los ricos únicamente.
Son los
filósofos, los pensadores y los escritores quienes se han hecho
abogados de la teoría de la representación parlamentaria, al
mismo tiempo que los pueblos eran nevados, sin saberlo, como
rebaños, por los reyes, los sultanes, los conquistadores... La
máxima aspiración de los pueblos en aquella época era tener a
alguien que les representase ante aquellos gobernantes, los
cuales rechazaban esta formula. Y, por eso, los pueblos luchaban
larga y amargamente para conseguir esta aspiración. No es, por
tanto, razonable que ahora, después de la victoria de la era de
las republicas y el comienzo de la era de las masas, la
democracia sea tener un pequeño grupo de diputados para
representar grandes masas. Es una teoría anticuada y una
experiencia superada. El poder debe ser enteramente del pueblo.
Las
dictaduras más tiránicas que el mundo ha conocido se han
establecido a la sombra de Asambleas parlamentarias.
EL
PARTIDO
El
partido es la dictadura contemporánea... es el instrumento de
Gobierno de la dictadura actual... ya que representa el poder de
una fracción sobre el conjunto. Es, en nuestros días, el último
de los sistemas dictatoriales conocido. Y, como el partido no es
un individuo, refleja una democracia aparente, forjando
asambleas o comisiones y propaganda a través de sus miembros. El
partido no es de ningún modo un sistema democrático, puesto que
se compone o de gentes que tienen los mismos intereses... o los
mismos puntos de vista... o la misma cultura... o forman parte
de una misma creencia... o son del mismo lugar, los cuales
forman el partido para conseguir sus intereses o para imponer
sus opiniones o extender el poder de su doctrina a toda la
sociedad.
El
objetivo de un partido es alcanzar el poder con el pretexto de
la ejecución de su propio programa. No es democráticamente
admisible que un partido gobierne a todo un pueblo, pues éste
está constituido de muchos intereses, opiniones, ideologías,
orígenes, lugares y creencias.
El
partido en un instrumento de Gobierno dictatorial que permite a
los que tienen las mismas concepciones o los mismos intereses
gobernar a todo el pueblo completo, a cualquier pueblo. Así, con
relación al pueblo, el partido es una minoría. El objetivo al
formar un partido es crear los instrumentos que permitirían
gobernar el pueblo... Es decir, gobernar a los que están fuera
del partido por medio del partido, pues este se funda,
esencialmente, sobre la teoría autoritaria y arbitraria, a
saber, el despotismo de sus miembros sobre los restantes
elementos del pueblo.
El
partido supone que su llegada al poder es el medio de realizar
sus objetivos, y que sus objetivos son los del pueblo. Esta es
la teoría en la que se basa cualquier dictadura. Sea cual sea el
número de partidos, esta teoría es siempre la misma. Incluso la
existencia de varios partidos exacerba la lucha por el poder, lo
que conduce a1 aniquilamiento de todo logro del pueblo y sabotea
cualquier plan que sirva a la sociedad, porque destruir las
realizaciones y sabotear los planes es la justificación de la
tentativa de tirar de la alfombra bajo los pies del partido
rival al del poder para que le sustituya el partido en el poder.
La lucha de los partidos entre sí, si no se resuelve por la
lucha armada - lo que es raro- toma la forma de la condena y el
desprecio de los hechos mutuamente. Es un combate que se
desarrolla necesariamente al precio de los intereses vitales y
supremos de la sociedad, alguno de los cuales, sino no todos,
serán victimas de la lucha de los instrumentos de Gobierno para
alcanzar el poder. Precisamente, en el hundimiento mismo de
estos intereses, el partido (o los partidos) de oposición
encuentra la justificación de sus argumentos contra el partido o
los partidos que están en el Gobierno.
El
partido de oposición, como aparato de Gobierno, para alcanzar el
poder debe necesariamente desmontar el sistema de Gobierno que
está en el poder y para hacerlo debe minar las realizaciones y
sembrar la duda en sus planes, incluso si estos son beneficiosos
para la sociedad, con el fin de justificar su inutilidad como
instrumento de Gobierno.
De esta
manera, los intereses de la sociedad y sus programas se
convierten en victimas de la lucha de los partidos por el poder.
Por supuesto, que el conflicto nacido de la multiplicidad de
partidos suscita una actividad política intensa, pero no es
menos cierto que este conflicto es, por una parte, destructor
política, social y económicamente y por otra parte, se resuelve
siempre por la victoria de un sistema de Gobierno similar al
precedente, es decir, por la caída de un partido y la victoria
de otro. Pero se trata siempre de la derrota del pueblo y, por
lo tanto, de la derrota de la democracia.
De otro
lado, los partidos pueden ser comprados y sobornados, tanto
desde el interior como desde el exterior.
El
partido, desde que se funda, se erige en representante del
pueblo. Después, la dirección del partido se convierte en
representante de los miembros de dicho partido; después, el
presidente del partido se convierte en representante de la
dirección. Así, el juego de los partidos se revela como un juego
cómico engañoso, basado sobre una caricatura de la democracia de
contenido egoísta y dominante y contenida fundado sobre las
maniobras, las confusiones y el juego político, pero que afirma
que el partidismo es, por tanto, el instrumento de la dictadura,
aunque moderna. El sistema de partidos es una dictadura al
descubierto, sin mascara, que el mundo todavía no ha superado.
Es, realmente, la dictadura de la época contemporánea.
El
parlamento del partido vencedor es el parlamento de ese partido;
el poder ejecutivo puesto en marcha por el parlamento es el
poder "del partido sobre el pueblo; el poder del partido que
supone estar al servicio de todo el pueblo es, en realidad, el
enemigo jurado de una fracción del pueblo, aquella constituida
por el partido o los partidos de oposición y sus partidarios. La
oposición no es, pues, el censor popular del partido en el
poder, pero esto al acecho por su propio interés para
sustituirle en el poder.
Según la
tesis de la democracia contemporánea, el censor legitimo del
partido en el poder es el parlamento, del que la mayoría de los
miembros pertenece a dicho partido; es decir, que la censura
está entre las manos del partido gobernante y el poder emana del
partido censor; así aparece claramente la impostura, la
falsificación y la falsedad de las teorías políticas que
actualmente dominan el mundo y de donde ha surgido la democracia
clásica en su forma actual.
“El
partido representa sólo a una fracción del pueblo, mientras que
la soberanía popular es indivisible”.
“El
partido gobierna en representación del pueblo, pero lo correcto
es no sustituir al pueblo”
El
partido es la tribu de los tiempos modernos... es la taifa. La
sociedad gobernada por un partido único es de todo punto
comparable a la gobernada por una sola tribu o una sola taifa,
pues el partido representa, como ya ha sido señalado, los
objetivos de un solo grupo de gente o los intereses de un solo
grupo de sociedad o una sola creencia o un solo lugar.
El
partido es, a fin de cuentas, una minoría en relación con el
número total del pueblo, lo mismo que la tribu, o la taifa. Esta
minoría tiene intereses o creencia de taifa común. De estos
intereses o de esta creencia se forma la misma concepción. No
hay diferencia entre un partido o una tribu con excepción del
vinculo de sangre, que, por otra parte, puede haber existido en
el nacimiento del partido. La lucha de los partidos por el poder
no difiere en nada de la lucha de las tribus o de las taifas por
el poder. Si el sistema tribal o de taifas es políticamente
rechazado o vilipendiado, mismo debe ocurrir con el sistema de
partidos, pues ambos proceden del mismo punto y conducen al
mismo resultado. Para la sociedad, la lucha de los partidos
tiene un efecto tan negativo y destructor como la lucha tribal o
de taifas.
LA CLASE
El
sistema político de clases es el mismo sistema político de los
partidos o el sistema político de las tribus o el sistema
político de las taifas. Que una sociedad esté dominada por una
clase, un partido, una tribu o una taifa es finalmente la misma
cosa.
La clase,
como el partido, la tribu o la taifa es un grupo de la sociedad
que comparte los mismos intereses. Estos intereses comunes nacen
de la existencia de un grupo de personas que están unidas por
ligaduras de sangre, de creencias, de cultura, de lugar o de
nivel de la vida. La clase, el partido, la tribu, la taifa nacen
de causas idénticas que conducen a un mismo resultado, es decir,
que de los lazos de sangre, de creencias, de nivel de vida, de
cultura o de lugar, deriva una misma concepción para alcanzar
esos intereses. La forma social del grupo se manifiesta entonces
bajo el aspecto de una clase, de un partido, de una tribu o de
una taifa que pondrá en marcha, a causa social, un instrumento
cuya gestión política será la de conseguir los objetivos y los
intereses de grupo. En todo caso, el pueblo no es la clase, ni
el partido, ni la tribu, ni la taifa. Cada uno de ellos no es
mas que una fracción del pueblo y no representan mas que una
minoría. Cuando una clase, un partido, una tribu o una taifa
domina la sociedad, el régimen que existe se convierte en
régimen dictatorial. A pesar de todo, la coalición de clases o
de tribus es preferible a la coalición de partidos, porque, en
su origen, el pueblo esta esencialmente constituido por un
conjunto de tribus. Es raro encontrar, en efecto, alguien que no
pertenezca a una tribu y toda la gente pertenece a estamentos
sociales definidos. Pero todo un pueblo no es miembro de uno o
más partidos, y eso es así porque el partido y la coalición de
partidos es la minoría frente a grandes masas que están fuera de
ellos.
Con
arreglo a la verdadera democracia es injustificable que una
clase, un partido, una tribu o una taifa aplaste a todas las
otras por su propio interés. Admitir tal eliminación significa
rechazar la lógica de la democracia y depender de la lógica de
la fuerza. Es un acto de dictadura contrario a los intereses de
toda la sociedad, que no está constituida ni de una sola clase,
ni de una sola tribu, ni de una sola taifa, ni solo de los
miembros del partido. No puede haber justificación para tal
actitud. Su explicación dictatorial es que la sociedad se
compone, efectivamente, de numerosas partes, pero una de entre
ellas debe eliminar a las otras para quedarse sola en el poder.
Tal acción no es entonces en interés del conjunto de la
sociedad, sino únicamente en interés de una sola clase, de una
sola tribu, de una sola taifa o de un solo partido, es decir, el
interés de aquellos que sustituyen el puesto de la sociedad,
porque esta medida eliminatoria esta esencialmente dirigida
contra los miembros de la sociedad que no pertenecen al partido,
a la clase, a la tribu o a la taifa que emprende esta
eliminación.
Una
sociedad inspirada por la lucha de los partidos es en todo punto
comparable a la que esta destruida por la lucha tribal o de
taifas. El partido constituido en nombre de una clase,
automáticamente sustituye a esta clase, transformación
espontánea que se prosigue hasta que se convierte en sucesor de
la clase enemiga a la suya.
La clase
que hereda la sociedad, hereda al mismo tiempo sus
características. Esto quiere decir que, si por ejemplo, la clase
obrera llega a destruir todas las otras clases, se convertirá en
heredera de la sociedad, o sea se convierte en la base material
y social de la sociedad, y como heredero lleva las
características de aquel al que hereda, aunque estas
características no aparezcan todas a la vez, pero aparecen
durante el desarrollo y sucesivos nacimientos; a medida que el
tiempo pasa, las características de las clases excluidas
resurgirán en el interior de la misma clase obrera. Los que
tienen esas características se diferencian según el carácter.
Así, la clase obrera se convertirá poco a poco en una sociedad
distinta, teniendo las mismas contradicciones que la antigua
sociedad.
Los
niveles material y moral de los individuos se diferencian en un
primer tiempo; después, aparecen los grupos y se transforman
automáticamente en clases, las mismas clases abolidas, y vuelve
a comenzar la lucha para gobernar la sociedad. Primero, cada
conjunto de individuos; después, cada grupo; después, cada
nueva clase intentarán cada uno de ellos convertirse en un
instrumento de Gobierno. La base material de la sociedad es
inestable porque es también social.
Por otra
parte, el sistema de Gobierno por una sola base material de la
sociedad podría estabilizarse durante cierto tiempo. Pero esta
destinado a la desaparición desde el momento en que nacen los
nuevos niveles material y social a partir de esta misma base
social. Toda sociedad donde se combaten las clases era, en el
pasado, una sociedad de clase única. Pero esta misma clase ha
engendrado otras clases, de la evolución inevitable de las
cosas.
La clase
que arrebata la propiedad a las otras y la tiene en su mano con
el fin de que el aparato de Gobierno quede en su provecho,
encontrar que esta apropiación ha hecho su labor dentro de esta
clase, lo mismo ella actúa en el interior de la sociedad como un
todo.
En
resumen, las tentativas de uniformar la base material de la
sociedad, con vistas a resolver el problema del poder o de poner
fin a la lucha en provecho de un partido, de una clase, de una
tribu o de una taifa han fracasado de la misma manera que las
tentativas de satisfacer a las masas por la elección de
representantes o conocer su opinión por medio de referéndum;
repetirla se convertiría en perder el tiempo de la persona y,
por otra parte, burlarse de los pueblos.
EL
REFERENDUM
El referéndum es una
impostura hacia la democracia. Aquéllos que dicen “SI” y
aquéllos que dicen “NO” no expresan realmente su voluntad, sino
que están amordazados en virtud del concepto de la democracia
moderna y no les está permitido pronunciar más que una palabra:
“SI” o “NO”. Se trata del sistema represivo dictatorial máximo y
más duro. EI que dice “NO” debe poner la razón y explicar por
qué él no ha dicho “SI”. Y él que ha dicho “SI” debe poder
justificar esta afirmación y explicar por qué no ha dicho “NO” y
qué quiere cada uno, la razón de su aceptación o de su rechazo.
¿Cual es el camino
que deben seguir entonces los grupos de personas para librarse
definitivamente de las épocas de arbitrariedad y de dictadura?
Puesto que en la
cuestión de la democracia el problema insoluble es él del
sistema de Gobierno, problema que se expresa en la lucha de
partidos, de clases, o de individuos, puesto que la invención de
los métodos electorales y de los referéndum no es más que un
camuflaje del fracaso de estas experiencias incompletas en la
solución de ese problema, la solución consiste en encontrar un
sistema de Gobierno que no sea uno de todos estos instrumentos
que son el escenario de la lucha y que no representan más que un
solo lado de la sociedad. Es decir, encontrar un sistema de
gobierno que no sea un partido, una clase, una taifa o una
tribu, sino un sistema que sea el pueblo entero, y no su
representante ni su sustituto. “No sustituir al pueblo” y
“la representación es una impostura”
Si fuera posible
encontrar este sistema, el problema estaría entonces resuelto.
La democracia popular llegaría a ser realidad y las sociedades
humanas habrían puesto fin a las épocas de arbitrariedad y
dictadura, que serían reemplazadas por el poder del pueblo.
El “Libro verde”
presenta la solución definitiva al problema del sistema la
gobierno y traza el camino a los pueblos para pasar de las
épocas de la dictadura a las épocas de la democracia verdadera.
Esta nueva teoría
está fundada en el poder del pueblo, sin sustituto ni
representación y realiza una democracia directa de una manera
organizada y eficaz. No es igual a la vieja tentativa de
democracia directa que le falta la posibilidad de realización
en el terreno práctico y que esta vacía de seriedad por la
ausencia de la organización popular a los niveles inferiores.
LOS
CONGRESOS POPULARES Y LOS COMITES PUPULARES
Los congresos
populares son el único medio de la democracia popular. Todo
sistema de Gobierno diferente a este modo, el modo de los
congresos populares, es un sistema de Gobierno no democrático.
Todos los regímenes gubernamentales que prevalecen actualmente
en el mundo no serán democráticos mientras no hayan descubierto
este modo. Los congresos populares son el último resultado del
movimiento de los pueblos hacia la democracia. Los congresos
populares y los comités populares son el fruto final definitivo
de la lucha de los pueblos por la democracia. Los congresos
populares y los comités populares no son invenciones de la
imaginación, sino que son productos del pensamiento humano, que
ha asimilado todas las experiencias humanas para conseguir la
democracia.
La
democracia directa, cuando es puesta en práctica, es
indiscutible e incontestablemente el método ideal de Gobierno.
Como un pueblo, sea cual sea su población, no puede ser reunido
a la vez para discutir, estudiar y decidir su políticos, las
naciones se desvían de la democracia directa, que se convierte
en una idea utópica alejada de la realidad, y ha sido sustituida
por numerosas de Gobierno come son las Asambleas parlamentarías,
las alianzas de partidos y los referéndums, que terminan todos
ellos por aislar al pueblo de gestionar la política de sus
asuntos y por usurpar su soberanía y monopolizar la política y
la soberanía en provecho de estos aparatos sucesivos y en lucha
por el poder, bien sean individuo, clase, taifa, tribu,
parlamento o partido.
Pero el
“Libro Verde” anuncia a los pueblos la orientación en el camino
de la democracia directa, de acuerdo con un planteamiento bueno
y práctico.
Puesto
que en la idea de la democracia directa no hay dos personas
normales que estén en desacuerdo que es la ideal, aunque era
imposible ponerla en práctica: y puesto que esta Tercera Teoría
Universal nos presenta una experiencia realista de la democracia
directa, el problema de la democracia se encuentra entonces
definitivamente resuelto en el mundo. ¡No quede a las masas más
que luchar para abatir todas las formas dictatoriales de
Gobierno que dominan actualmente en el mundo y que son de modo
falaz llamadas democracias con sus diversas manifestaciones:
del parlamento, a la taifa; de y la tribu y la clase, al partido
único, al bipartidismo o al multipartidismo!
La
democracia no tiene más que una sola forma y una sola teoría.
Las diferencias y las divergencias entre los sistemas llamados
democráticos son la prueba de que no son democráticos. El poder
del pueblo no tiene mas que un solo rostro y no se puedo
realizar el poder popular nada mas que de una sola manera: por
los congresos populares y los comités populares. “No hay
democracia sin congresos populares y los comités en todas
partes”
Primeramente el pueblo se divide en congresos populares de base.
Cada congreso elige un comité para que lo dirija. El conjunto de
estos comités forman los congresos populares para cada zona,
diferentes de aquellos de la base para cada zona. Después, las
masas de los congresos populares de base eligen a comités
populares administrativos para sustituir a la administración
del Gobierno. A partir de ese momento, todos los centros de la
sociedad se encuentran dirigidos por los comités populares y
estos comités populares que dirigen estos centros son
responsables ante los congresos populares de base, los cuales
les señalan la política a seguir, controlando la ejecución de
esta política.
Así, la
administración será popular y el control será popular y se
pondrá fin a la definición anticuada de la democracia, según la
cual “la democracia es el control del gobierno por el pueblo”.
La definición justa que la sustituirá es: “la democracia es
el control del pueblo por el pueblo”
Todos
los ciudadanos miembros de estos congresos populares pertenecen
por sus funciones o por sus profesiones a grupos o a sectores
diferentes: obreros, campesinos, estudiantes, comerciantes,
artesanos, funcionarios y profesionales. Además de pertenecer
como ciudadanos a los congresos populares de base o a los
comités populares, pueden constituir sindicatos o aquellas
uniones profesionales que les son propias.
Los
congresos populares de base, los comités populares, los
sindicatos y las uniones integran definitivamente el congreso
General del pueblo donde se encuentran los dirigentes de los
congresos populares, los comités populares, las uniones
sindicales o profesionales.
Lo que sea
debatido en el Congreso General del Pueblo, que se reúne una
vez por año, será sometido, a su vez, a los congresos populares
y a los comités populares, a los sindicatos y a las uniones. Los
comités populares, responsables ante los congresos populares de
base, comenzarán entonces a poner en ejecución el programa así
elaborado.
El
Congreso General del Pueblo no es el conjunto de miembros o de
personas físicas, como en las Asambleas parlamentarias, sino el
reencuentro de los congresos populares de base, de los comités
populares, de las uniones y los sindicatos y de todas las
agrupaciones profesionales.
Así, la
cuestión del aparato de Gobierno será resulta y, al mismo
tiempo, se habrá puesto fin a los sistemas dictatoriales. El
pueblo se convertirá en el sistema de Gobierno y el problema de
la democracia en el mundo quedará definitivamente resuelto.
LA LEY
DE LA SOCIEDAD
La ley de la sociedad es el otro
problema paralelo al sistema de Gobierno que no ha encontrado
aún su solución en el tiempo moderno, a pesar de que se
resolvió en otros tiempos de la historia.
Que un comité o un parlamento
legisle por la sociedad no es valido y es antidemocrático. Que
la ley de la sociedad sea enmendada o derogada por un individuo,
una comisión o un consejo es también inválido y antidemocrático.
¿Cual es entonces la ley de la sociedad? ¿Quien la elabora?
¿Cuál es su importancia con relación a la democracia?
La verdadera ley de cualquiera
sociedad es el uso o la religión; toda otra tentativa para
encontrar la ley para cualquiera sociedad, al margen de estas
dos fuentes, es no válida e ilógica.
Las constituciones no son la ley
de la sociedad. La constitución es una ley positiva fundamental
y tiene necesidad de una fuente en la que pueda basarse para que
se justifique. El problema de la libertad en los tiempos
modernos reside en que las constituciones se han convertido en
la ley de la sociedad y en que las constituciones no se apoyan
más que sobre las concepciones de los sistemas de Gobierno
dictatoriales dominantes en el mundo, bien se trate de un
individuo o de un partido.
La prueba está aquí, en la
diferencia de una constitución a otra, a pesar de que la
libertad del hombre es siempre la misma. La causa de estas
diferencias es la disparidad de las concepciones de los sistemas
de Gobierno. Este es el punto mortal de la libertad de los
regímenes del mundo contemporáneo.
El medio por el que los
instrumentos de Gobierno buscan el dominio de los pueblos se
consigna en las constituciones y la gente esta obligada a
someterse a la fuerza de las leyes derivadas de la constitución
que, a su vez, es producto del gusto y de las concepciones del
sistema gubernamental.
El derecho positivo de los
sistemas de gobierno dictatoriales ha reemplazado al derecho
natural.
La ley positiva ha reemplazado a
la ley natural y ha perdido las medidas de las cosas.
El hombre es el hombre en todas
partes. Es uno en su creación, uno en sus sentimientos. Por
ello, la ley natural es una ley lógica para el hombre
considerado como tal unidad. Después vinieron las
constituciones, como leyes positivas, que contemplan al hombre
en su diversidad. Su concepción no tiene otra justificación que
la voluntad de los sistemas para gobernar al individuo, un
consejo o clase social, o un partido, para dominar a los
pueblos. Así vemos con frecuencia cambiar las constituciones
cuando cambien los sistemas de Gobierno. Esto demuestra que la
constitución no es una ley natural, sino mas bien el capricho de
los sistemas de Gobierno que se establece para servir a sus
intereses.
Este es el peligro que acecha a
la libertad sobre todo donde la ley verdadera de esta sociedad
humana esta ausente y ha sido reemplazada por leyes positivas,
sobre las normas destacadas por el sistema de Gobierno con el
objeto de gobernar a las masas. Sin embargo, esencialmente, la
forma de Gobierno debería adaptarse a la ley de la sociedad y no
al revés. Por lo tanto, la ley de la sociedad no puede ser
objeto de una redacción o de una invención. La importancia de la
ley reside en que es el criterio para distinguir la verdad de la
mentira, lo falso de verdadero, así como los derechos de los
individuos y sus deberes. Es que la libertad está amenazada en
cuanto la sociedad no tenga una normativa sagrada, con reglas
estables y sometidos a la transformación o al re-emplazamiento
por cualquier de los sistemas de Gobierno, sino que es el
sistema de Gobierno quien está obligado a seguir la ley de la
sociedad. Pero, actualmente, los pueblos, a lo ancho del mundo,
están gobernados por leyes positivas susceptibles de ser
cambiadas y derogadas en función de las luchas de los
instrumentos de Gobierno para conseguir el poder.
El referéndum de los pueblos
sobre las instituciones algunas veces no es suficiente, pues el
referéndum, en sí mismo, es una impostura sobre la democracia
que no permite más que una sola palabra. Que es “si” o “no”
solamente. Los pueblos están obligados a realizar el referéndum
en virtud de leyes positivas. El referéndum sobre la
constitución no significa que es la ley de la sociedad, pero
significa que es solamente una constitución, o sea, que es un
objeto sometido a referéndum y nada más. La ley de la sociedad
es un patrimonio humano eterno y no es propiedad sólo de los
vivos. De esta verdad, redactor una constitución y someterla a
referéndum de los presentes es ridículo.
Los códigos de las leyes
positivas, emanadas de constituciones están llenos de sanciones
materiales dirigidas contra el ser humano, mientras que él uso
casi está desprovisto de ellas. El uso no prevé sanciones
materiales, sino morales, dignas del ser humano. La religión
engloba y absorbe al uso. Mayoría de las sanciones materiales
en la religión están aplazadas. La mayoría de sus mandamientos
son enseñanzas, indicaciones y respuesta a sus problemas y ésta
es la ley más apropiada para el respeto del ser humano. La
religión no prevé sanciones inmediatas más que en casos extremos
a la sociedad. La religión absorbe al uso, que es la expresión
de la vida natural de los pueblos. En este sentido, la religión
que contiene el uso es una confirmación de la ley natural. Las
leyes no religiosas, las de no uso, son creaciones del hombre
contra otro hombre. Son, por consecuencia, inválidas, pues están
desprovistas de estas fuentes naturales que son el uso y la
religión.
QUIEN
CONTROLA LA MARCHA DE LA SOCIEDAD
La cuestión está en saber
quién controla la marcha de la sociedad para prevenir una
eventual desviación con relación a la ley de la sociedad.
Democráticamente, ninguna parte puede pretender, en nombre de la
sociedad, disponer por si sola del derecho de control
parlamentario. Entonces, “la sociedad es su propio censor”
Cualquiera pretensión de
cualquiera parte, individuo o grupo de ser responsable de la ley
es dictadura, porque la democracia significa la responsabilidad
de toda la sociedad y , por tanto, el control recae en la
sociedad entera. Ésta es la democracia, pero ¿cómo implantarla?
Por medio del sistema de Gobierno democrático que resulta de la
organización de la propia sociedad en “congresos populares de
base” y del Gobierno popular por medio de los comités populares
y, después por el Congreso General del pueblo (congreso
nacional), donde se agrupan los congresos populares, los comités
populares administrativos, los sindicatos, las uniones y el
conjunto de las demás organizaciones profesionales. Según esta
teoría, el pueblo es el sistema de Gobierno y el pueblo, en ese
caso, es su propio censor. Así se realiza el autocontrol de
sociedad sobre su ley.
COMO
PUEDE LA SOCIEAD RECTIFICAR SU ORIETATACION EN CASO DE
DESVIACION DE LA LEY
Si el sistema de
Gobierno es dictatorial, como sucede en los regímenes
políticos, en todo el mundo, y en el caso de desviación con
respecto a la ley de la sociedad, la sociedad no tiene otro
medio de expresar y de corregir la desviación que la violencia,
es decir, la revolución contra el sistema de Gobierno. La
violencia o la revolución, incluso si expresan la toma de
conciencia de la sociedad respecto a esta desviación, no son
obra del conjunto de la sociedad. Son solamente emprendidas por
aquellos que tienen posibilidad de iniciativa y la audacia de
declarar la voluntad de la sociedad. Sin embargo, esta puerta
conduce a la dictadura, porque esta iniciativa revolucionaria
puede, por necesidad de la revolución, dar el poder a un sistema
de Gobierno que sustituya al pueblo, lo que significa que el
sistema de Gobierno sigue siendo dictatorial. Por mucho que sean
consecuencias de la existencia de una situación anterior no
democrática, la violencia y el cambio por la fuerza son, en sí
mismas actos no democráticos.
Una sociedad que
gira aún alrededor de este axioma es una sociedad retrasada.
¿Cuál es, por tanto
la solución?
La solución es que
el pueblo llegue a ser el sistema de Gobierno desde los
congresos populares de base hasta el congreso General del
pueblo, que se ponga fin a la administración gubernamental para
ser reemplazada por los comités populares, y que el Congreso
General del pueblo sea un congreso nacional, en el que se
agrupen los congresos populares administrativos, las uniones,
los sindicatos y todas las asociaciones profesionales. Si se
produce una desviación respecto a la ley de la sociedad en un
sistema semejante seria una desviación colectiva que seria
tratada de una manera colectiva, por la revisión democrática y
no por la fuerza. La forma de revisar o tratar una desviación no
es ya un proceso de erección voluntaria del modo del cambio o
del trato, sino una consecuencia ineludible de la naturaleza de
ese régimen democrático. En un caso semejante, no hay ningún
grupo exterior contra el que pudiera ser dirigido una acción
violenta o al que pudiera hacerse responsable de esta
desviación.
LA
PRENSA
Una persona normal
tiene el derecho de expresarse, incluso de una manera
incoherente para decir que es un loco. Una persona jurídica
también es libre de expresar su personalidad jurídica. Pero en
los dos casos el primero no representa nada más que a sí mismo y
en el segundo nada más que a las personas físicas que
constituyen la personalidad jurídica. La sociedad se compone de
numerosas personas físicas y de numerosas personas jurídicas.
Así, cuando una persona física se expresa de una manera
irracional, por ejemplo, esto no significa que los otros
miembros de la sociedad son también irracionales. La opinión de
una persona física no compromete nada más que a ella misma.
La opinión de una
persona jurídica no expresa más que la expresa más que la
expresión de intereses o ideas del grupo que constituye esta
persona jurídica.
Una empresa de
producción y venta de tabaco sólo representa los intereses de
aquellos que constituyen esta empresa, es decir, de aquellos que
se aprovechan de producción o venta del tabaco, aunque esto
sea perjudicial a la salud de los demás.
La prensa es un
medio de expresión de la sociedad y no el medio de expresión de
una persona física o jurídica. Entonces, lógica y
democráticamente, no puede ser de propiedad de uno o de otro. En
el caso de un particular propietario de un periódico, este es su
periódico y expresa su punto de vista únicamente. Pretender que
es el periódico de la opinión publica es una pretensión falsa y
sin ningún fundamento, porque no expresa, en realidad, más que
el punto de vista de una persona física. No es democráticamente
admisible que una persona física posea un medio de difusión o de
información general. Y, sin embargo, tiene el derecho natural de
expresarse, por no importa qué medio, aunque este medio sea
irracional para poder probar su locura. Por ejemplo, el
periódico que publica un sindicato de comerciantes o una cámara
de comercio es solamente el medio de expresión de esta categoría
social particular. Expresa solo su punto de vista y no punto de
la opinión publica. Esto vale lo mismo para las otras personas o
físicas de la sociedad.
La prensa
democrática es aquella que publica un comité popular compuesto
por todas las categorías sociales, es decir, de asaciones de
obreros, asociaciones de mujeres, asociaciones de estudiantes,
asociaciones de campesinos, asociaciones de profesionales,
asociaciones de funcionarios, asociaciones de artesanos y hasta
el fin de categorías de cualquier sociedad. En este caso, y no
en otro, la prensa o todo otro medio de información, es la
expresión de la sociedad entera refleja su concepción general.
Serán entonces una prensa democrática o una información
democrática.
Si el Colegio de
Médicos publica una revista no debe tratarse nada más que de una
revista médica, a fin de que sea realmente la expresión de los
que la publican. Esto vale igual para las demás o restantes
categorías.
Una persona física
tiene el derecho de expresarse, solamente a si misma, pero no
tiene el derecho democráticamente de expresarse más que a sí
mismo.
Así, se resuelve, de
raíz y democráticamente, lo que se llama en el mundo “el
problema de libertad de prensa”
El problema de
libertad de prensa, que no ha cesado de ser debatido en el
mundo, nace del problema general de la democracia. No podrá ser
zanjado en tanto no se resuelva la crisis de la democracia
completamente de toda la sociedad.
No hay más que
una sola via para resolver este embrollado problema, quiero
decir, problema de la democracia, que es una via única, que es
la via de la Tercera Teoría Universal.
Según esta teoría el
régimen democrático es una estructura coherente, donde cada
piedra descansa sobre la que está debajo de los congresos
populares de base, los congresos populares, los comités
populares y las uniones profesionales, hasta que se encuentran
todos en el Congreso General del pueblo.
No existe
absolutamente otra concepción de une sociedad democrática al
margen de ésta.
Finalmente, la era
de las masas, arrastrándose rápidamente a nosotros, después de
las eras de las republicas, inflama los sentimientos y deslumbra
la vista. Pero, en tanto que anuncia la verdadera libertad a las
masas y la feliz liberación de las cadenas de los instrumentos
de Gobierno, puede preceder a una era de anarquía y de
demagogia, si la democracia nueva que es la del poder del
pueblo, no recae volviendo a constituirse en el poder de un
individuo, de una clase, de una clase, de una taifa, de una
tribu o de un partido.
Tal es la democracia
verdadera desde el punto de vista teórico, pero en la práctica
son siempre los más fuertes quienes gobiernan, en decir, que la
parte fuerte en la sociedad es la que gobierna.
SEGUNDA PARTE
LA SOLUCION DEL PROBLEMA ECONÓMICO
“EL SOCIALISMO”
LOS FUNDAMENTOS
ECONOMICOS DE LA TERCERA TEORIA
A pesar de las importantes
evoluciones históricas realizadas por la vía de solución del
problema del trabajo y los salarios, es decir , la relación
entre trabajadores y empresarios, entre propietarios y
productores, como la determinación de las horas de trabajo, el
pago de las horas extraordinarias, los permisos y vacaciones, el
reconocimiento de un salario mínimo, la participación de
trabajadores en las ganancias y en la producción, la prohibición
del despido arbitrario, la seguridad social, el derecho a la
huelga así como todo el contenido de las legislaciones de
trabajo, prácticamente a la par de toda legislación moderna, y
pese a las transformaciones no menos importantes en el terreno
de la propiedad, en cuanto a la promulgación de regimenes
tendentes a la limitación de ingresos y otros prohibiendo la
propiedad privada, confiándola al Gobierno; pese a todos estos
avances, nada desdeñables en la trayectoria del problema
económico, éste sigue absolutamente vigente, a pesar de las
mejoras, cambios y progresos logrados que lo han hecho menos
agudo que los pasados siglos, con la consiguiente consecución de
múltiples beneficios para los trabajadores. Pero el problema
económico sigue sin ser resuelto en el mundo, ya que los
intentos realizados en sector de la propiedad no han solucionado
el problema de los productores, que permanecen en su condición
de asalariados, pese al traspaso de la propiedad, desde la
extrema derecha hacia la extrema izquierda, pasando por
distintas posiciones en el centro entre la izquierda y la
derecha.
Tampoco los
intentos efectuados en el terreno de los salarios son menos
importantes que los realizados en relación con la propiedad y su
traspaso de una situación a otra. En el conjunto del tratamiento
de esta cuestión, se incluyen las ventajas obtenidas por los
trabajadores, contenidas en la legislación y defendidas por los
sindicatos, con lo que ha cambiado el mal estado en que se
hallaban los productores en vísperas de la revolución industrial
y adquirido los obreros, técnicos y administrativos un conjunto
de derechos, antes inalcanzables, a lo largo del tiempo. Pero,
de hecho, el problema económico sigue en pie.
El intento habido
en materia de salarios no representa en absoluto una solución.
Se trata de un intento ficticio y reformista, más parecido a la
caridad que al reconocimiento del derecho de los trabajadores.
¿Por qué se les paga a los trabajadores un salario? Pues, porque
han realizado una producción a favor de otros que les han
contratado para que efectuaran esta producción. Por lo tanto, no
han consumido su producción, sino que se han visto obligados a
cederla a cambio de un salario, cuando en buena norma, “quien
produce consume”.
Por mucho
que mejoren sus salarios, los asalariados son una especie de
esclavos.
El asalariado es casi un
esclavo del “señor” que le arrienda. Más aun, es un esclavo
temporal y su esclavitud lo es en función del trabajo que
realiza a cambio de un salario pagado por el patrón,
independientemente de la condición de éste, sea persona o
Gobierno. En su relación con el propietario o la entidad
productora, el así como en cuanto a su comunidad de intereses
particulares, no dejan de ser asalariados, en todos los casos y
en todo el mundo, pese a la diversidad de la situación de la
propiedad, de derecha a izquierda. Incluso las instituciones
económicas del sector público no ofrecen a sus trabajadores más
que salarios y otras ayudas sociales más parecidas a la caridad,
que los potentados empresarios del sector privado dan a sus
obreros, que a otra cosa.
Decir que los ingresos, en los
casos de propiedad pública, revierten en la sociedad, con los
trabajadores incluidos, a diferencias de las empresas privadas,
en que revierten exclusivamente en los propietarios, resulta
cierto, visto el interés general de la sociedad y no los
intereses particulares de los trabajadores. Incluso, suponiendo
que el poder político que ejerce el monopolio de la propiedad,
pertenece, a toda la sociedad, es decir, que es el poder del
pueblo que ejerce, en toda su integridad, a través de las
Asambleas Populares, de los Comités Populares, de los sindicatos
profesionales, no como poder de una sola clase, de un solo
partido o conjunto de partidos, ni como poder tribal de una
tribu, una familia o un individuo, ni ningún tipo de poder
parlamentario, Aún así, lo que revierte directamente en los
trabajadores, en cuanto a sus intereses particulares, en forma
de salario, participación en beneficios o servicios sociales, es
lo mismo que le corresponde en las empresas privadas. Es decir,
que los trabajadores, tanto de la institución pública como de la
empresa privada, son asalariados, a pesar de ser distinto del
propietario.
De este modo, la
evolución que había en el terreno de la propiedad, en cuanto a
su traspaso de una mano a otra, no ha solucionado el problema
del derecho del trabajador a la propia producción que él realiza
de manera directa, no a través de la sociedad, ni a cambio de un
salario. Lo demuestra el hecho de los productores siguen siendo
asalariados, pese al cambio la situación de la propiedad.
La solución
definitiva la constituye la abolición del salario, la liberación
del hombre de su esclavitud y el retorno a las normas naturales
que han determinado la relación antes de la aparición de las
clases, de las formas de gobierno y de las leyes positivas.
Estas normas naturales son la medida y la única fuente válida
para las relaciones humanas.
Las normas naturales
han generado un socialismo natural, basado en la igualdad entre
los factores económicos de la producción, logrando una casi
igualdad entre los individuos en cuanto al consumo de la
naturaleza. Mientras, la explotación del hombre por el hombre y
la apropiación por el individuo de una mayor proporción de
riqueza que la que le corresponde, representa el fenómeno de
desviación de la norma natural, el comienzo de la corrupción de
la vida de la colectividad humana y la aparición de la sociedad
de explotación. Si analizamos los factores económicos de la
producción, desde la remota antigüedad hasta nuestros días,
hallaremos que, necesariamente, se componen de factores básicos,
tales como material de producción, medios de producción y
productores. La norma natural de igualdad establece que a cada
uno de los elementos de la producción le corresponde una parte
de dicha producción. Porque si falta de ellas, deja de haber
producción. Es decir, que cada uno de los factores desempeña un
papel fundamental en el proceso de producción, sin el cual ésta
cesaría.
Y, como quiera que todos los
factores sean necesarios y fundamentales, resulta entonces que
todos son igualmente imprescindibles en el proceso productivo,
con lo que sus derechos a la producción que ellos mismos han
generado deben ser, asimismo, iguales. Así, el predominio de uno
sobre otro chocaría con las normas naturales de igualdad y
atentaría contra el derecho de los demás. Por tanto, a cada
factor le corresponde una parte, independientemente de su
condición. Si nos encontramos ante un proceso de producción en
el que intervengan solamente dos factores, a cada uno de ellos
le corresponderá la mitad de la producción; si son tres, la
tercera parte, y así sucesivamente.
Al aplicar
esta norma natural a la realidad antigua y contemporánea,
concluiremos lo siguiente:
Durante la etapa de producción
manual, el proceso productivo se componía de materias primas y
hombre-productor. Después, fue introducido, entre ellos, el
medio de producción, utilizado por el hombre en este proceso y
de que se tima por modelo al animal, en calidad de unidad de
fuerza. Más tarde, este, medio fue evolucionando y la maquina ha
reemplazado al animal. Luego, la clase y la calidad de las
materias primas han pasado, de ser senillos y baratos, a ser
materias compuestas y extremadamente valiosas. También el hombre
se ha transformado, y paso de ser sencillo trabajador a ser un
ingeniero y técnico, de grupos masivos de obreros se ha pasado a
reducidos conjuntos de técnicos. Sin embargo, los factores de
producción, aunque cambien cualitativa y cuantitativamente, no
modifican, en esencia, el grado de necesidad de cada uno de
ellos en el proceso de producción. Por ejemplo, el hierro que
constituye una de las materias primas de producción, antes y
ahora, se trabajaba con métodos primitivos, para fabricar,
manualmente, un cuchillo, un hacha o una lanza. Ahora la misma
materia prima se elabora en altos hornos, para que los
ingenieros y técnicos tabiquen maquinaria, motores y vehículos
de distinta clase. El animal, que era el caballo, la mula, el
camello, etc., que constituía un factor de producción, ha sido
reemplazado por la gran fábrica y las gigantescas maquinas. Las
materias de producción que antes eran instrumentos primitivos se
han convertido ahora en complejos equipos técnicos. Sin embargo,
los principales factores de producción siguen siendo constantes
esenciales, pese a su fabuloso desarrollo, y esta constancia
esencial de los factores de producción hace de la norma natural
la única regla valida, a la que hay que volver, inevitablemente,
para solucionar, definitivamente, tras el fracaso de todos los
intentos históricos que han ignorado tales normas naturales.
Las anteriores teorías
históricas han tratado el problema económico desde la
perspectiva de la propiedad, perteneciente, exclusivamente a uno
de los factores de producción y desde la perspectiva de los
salarios, a cambio de producción, sin resolver el verdadero
problema, el de la propia producción. (Así, la más sobresaliente
característica de los sistemas económicos actualmente vigentes
en el mundo es la del sistema de salarios que priva al
trabajador de todo derecho a los productos que él elabora tanto
por cuenta de la sociedad como de una empresa privada).
Las empresas industriales de
producción se basan en material de producción, maquinaria y
trabajadores. El proceso productivo se genera mediante la
utilización, por los trabajadores, de la maquinaria para la
elaboración de las materias primas. Desde luego, los productos
elaborados y listos para el consumo, habrán pasado por un
proceso de producción que no tendría lugar de no reunirse los
factores de materia prima, fábrica y trabajadores, de forma que,
si descartáramos las materias primas, la fábrica no tendría qué
producir, y si descartamos a ésta, tampoco se elaborarían
aquellas. Y, al mismo tiempo, si dejamos de lado a los
productores tampoco funcionaria la fábrica. Así, los tres
factores del proceso de producción resultan igualmente
necesarios. Si prescindimos de uno de ellos, el proceso
productivo no se podría llevar a cabo, como tampoco serian dos
de los tres factores suficientes para efectuar la producción en
ausencia del tercero. En este caso, el principio natural impone
la igualdad del grado de necesidad de estos tres factores para
la producción, es decir, que la producción de la fábrica se
divide en tres partes, cada una de las cuales corresponde a uno
de los factores. Lo importante no es solo la fábrica, sino quien
consume su producción.
Asimismo, el proceso de
producción agrícola que se lleva a cabo gracias al hombre y la
tierra, sin utilización de un tercer medio, resulta igual que el
proceso de producción industrial manual. En ambos casos, la
producción se divide en dos partes solamente, según los factores
de producción. En caso de utilizar un medio mecánico o similar
para la producción agraria, ésta se dividiría en tres partes: la
tierra, los campesinos y La maquina utilizada.
De este
modo, se establece un sistema socialista al que se someten todos
los procesos de producción en base a este principio natural.
Los productores son los
trabajadores y se llaman así porque la palabra trabajador o
proletario ya no resulta real debido a que los trabajadores,
según la definición clásica han empezado a cambiar cuantitativa
y cualitativamente. La clase trabajadora está en constante
decrecimiento, en una proporción inversa a la del avance de la
tecnología y la ciencia.
La maquina produce ahora el
esfuerzo que antes requería un determinado número de
trabajadores. A su vez, la puesta en funcionamiento de la
máquina requiere ahora un menor número de trabajadores que
antes. A esto se refiere el cambio cuantitativo de la fuerza
trabajadora. Por otra parte, la máquina precisa capacidad
técnica en lugar de la fuerza física. Y este es el cambio
cualitativo de la fuerza trabajadora.
Así, una sola fuerza se
convierte en factor de producción. La clase trabajadora deja de
estar compuesta por grandes masas de mano de obra no
cualificada, para estar formada por reducidos grupos de
técnicos, ingenieros y científicos, gracias a los progresos
experimentados. Como consecuencia de esto, los sindicatos
obreros habrán de desaparecer para ser reemplazados por
sindicatos de ingenieros y técnicos, ya que el avance científico
ha constituido para la humanidad un logro irreversible, con el
que el analfabetismo ha quedado definitivamente condenado. En
función de esto, los trabajadores convencionales vienen ahora a
representar un fenómeno llamado a desaparecer, paulatinamente,
ante los progresos científicos. No obstante, el nuevo hombre
seguirá siendo un factor esencial en el proceso de producción.
LA NECESIDAD: La libertad del
hombre siempre será incompleta mientras sus necesidades estén
supeditadas a terceros. La necesidad puede conducir a la
esclavitud del hombre por el hombre. Así, la explotación es
resultado de la necesidad, que constituye un autentico problema.
Con esto, la lucha surge de la supeditación de las necesidades
del hombre.
LA VIVIENDA constituye una
necesidad ineludible para el individuo y la familia, por lo cual
no debe ser propiedad de otros. Un hombre no tendrá libertad
mientras habite una vivienda propiedad de otro, a cambio o no de
un alquiler. Por ello, todos los intentos realizados por los
distintos Estados del mundo, para tratar el problema de la
vivienda, no representan, en absoluto, una solución. Esto se
debe a que tales intentos no apuntan hacia soluciones radicales
y definitivas – es decir, la necesidad de que el hombre sea
dueño de su vivienda – sino que han girado en torno del valor de
la renta (elevarla, reducirla y legislarla, etc.) tanto si es
por cuenta del sector público o privado. En la sociedad
socialista, ninguna entidad – ni siquiera la propia sociedad –
debe controlar las necesidades del hombre. Nadie tiene derecho
construir una vivienda que exceda de sus propias necesidades y
las de sus sucesores, con el propósito de arrendarla. La
vivienda representa una necesidad para otros y su construcción
con el fin de arrendarla es tanto como emprender el control de
la necesidad de los demás. Y en la necesidad radica la libertad.
LA RENTA constituye una
necesidad ineludible para el hombre. La renta de un hombre en la
sociedad socialista no debe ser un sueldo pagado por nadie o una
caridad ofrecida por los demás. En la sociedad no debe haber
asalariados, sino socios. Tu renta es tu propio patrimonio, que
tú administras en función de tus necesidades. Es tu parte en la
producción de la cual eres uno de los principales factores, no
un salario a cambio de una producción a favor de cualquier otro.
EL TRANSPORTE es igualmente
una necesidad imprescindible para el individuo y la familia. Tu
medio de transporte no debe ser propiedad de otros, pues en la
sociedad socialista ningún hombre o entidad tiene el derecho de
poseer medios de transporte con el propósito de alquilaros, ya
que ello supone el control de las necesidades de los demás.
LA TIERRA no es propiedad de
nadie. Sin embargo, cada cual tiene derecho a explotarla para su
propio beneficio, mediante su labranza, cultivo y regadío, a lo
largo de toda su vida y la de sus herederos, en la medida de su
esfuerzo personal - es decir, sin emplear a otros con o sin
sueldo – y la satisfacción de sus necesidades. De admitirse la
apropiación de la tierra, no lo harían más que los presentes en
la misma. La tierra es fija y sus usuarios cambian al paso del
tiempo, en oficio, capacidad y presencia.
La finalidad de la nueva
sociedad socialista es la formación de une sociedad feliz por
ser libre. Para lograrlo, hay que satisfacer las necesidades
materiales y morales de hombre, mediante la liberación de las
mismas del control y la supeditación de los demás.
Esta satisfacción de las
necesidades del hombre debe llevarse a cabo sin explotación por
parte de otros; de lo contrario se encontraría en contradicción
con la meta de la nueva sociedad socialista.
En la nueva sociedad, el
hombre o bien trabaja por su propia cuenta para asegurarse sus
necesidades materiales, o bien lo hace para una empresa
socialista, en la que sea socio de producción, o presta un
servicio público a la sociedad, con lo que ésta le
proporcionaría la satisfacción de sus necesidades materiales.
La actividad económica en la
nueva sociedad es una actividad productiva para la saturación de
las necesidades materiales. No es una actividad improductiva o
lucrativa, para ahorrare excedentes una vez satisfechas estas
necesidades, lo que no tendría lugar en virtud de las nuevas
bases socialistas.
Así, la finalidad lícita de
actividad económica de los ciudadanos es, únicamente, la
satisfacción de sus necesidades, ya que la riqueza del mundo es
limitada, al menos en cada etapa. Igualmente lo es la riqueza de
cada sociedad. Por ello, nadie tiene derecho a realizar una
actividad económica con el propósito de adueñarse de una parte
de esta riqueza, que sobrepase la correspondiente a la
saturación de sus necesidades, puesto que la parte excedente
corresponde a la necesidad de otros. En todo caso, podría
ahorrar parte de sus propias necesidades de la producción, no
del esfuerzo de los demás. Si se admite la realización de una
actividad económica mayor a la requerida para la saturación de
las necesidades, otro se vería privado de la satisfacción de las
suyas.
El ahorro
del excedente de la necesidad propia corresponde a la necesidad
de otros de la riqueza de la sociedad.
Tolerar la producción propia
para la obtención de un ahorro sobrante de la satisfacción de
las necesidades, así como su utilización para disponer de
excedente – es decir, la explotación del hombre para la
saturación de las necesidades de los demás y la obtención de un
ahorro, a favor de otro y a expensas de las necesidades propias-
es lo que representa, precisamente, la explotación.
Trabajar a cambio de un
salario extraordinario, además de ser una esclavitud para el
hombre como ya hemos señalado, viene a ser tanto como trabajar
sin aliciente, al ser productor, en este caso, asalariado, y no
socio.
Aquel que trabaja por su
propia cuenta es, sin duda, leal en su labor productiva, pues
esta lealtad en la producción nace de un propio aliciente de
hacerlo para satisfacer sus necesidades materiales. El que
trabaja para una empresa socialista es un socio en la
producción, leal ciertamente en su labor productiva, ya que su
aliciente lo constituye la satisfacción de sus necesidades de
esta producción. En cambio, los que trabajan por un salario,
carecen de alicientes para hacerlo.
Trabajar a cambio de un
salario representa la incapacidad para solucionar el problema
del aumento y desarrollo de la producción. Tanto si se trata de
servicios como de producción, se genera un constante deterioro,
al estar basados en el esfuerzo de los asalariados.
Ejemplos del
trabajo asalariado por cuenta de la sociedad, por cuenta del
sector privado y del trabajo no asalariado:
Ejemplo primero:
a) Un
trabajador que produce 10 manzanas por cuenta de la sociedad, a
quien ésta le concede una sola manzana a cambio de su
rendimiento, lo que viene a satisfacer plenamente su necesidad.
b) Un
trabajador que produce 10 manzanas por cuenta de la sociedad, a
quien ésta le concede una sola manzana a cambio de su
rendimiento, lo que no alcanza para la satisfacción de su
necesidad.
Ejemplo segundo:
Un trabajador que produce 10
manzanas por cuenta de otro individuo, a cambio de un salario
inferior al precio de una sola manzana.
Ejemplo tercero:
Un
trabajador que produce 10 manzanas por su cuenta propia.
Conclusiones:
El de ejemplo primero (a) no
incrementará su rendimiento puesto que, por mucho que lo
hiciese, no obtendrá, personalmente, más que una manzana, lo que
satisface su necesidad. Así, todas las fuerzas trabajadoras por
cuenta de la sociedad se encuentran en continuo estado de
pasividad psíquico – espontánea.
El del ejemplo primero (b)
carece de alicientes para la producción en sí, puesto que
produce para la sociedad, sin obtener el equivalente para la
satisfacción de sus necesidades... Sin embargo, continua en el
trabajo, pero sin aliciente, al verse obligado a someterse a las
circunstancias generales de trabajo en toda la sociedad, y al
ser ésta la situación de todos los ciudadanos.
El del ejemplo segundo, de
hecho, no trabaja para producir, sino para obtener un salario.
Pero, como quiera que su salario es inferior al requerido para
la satisfacción de sus necesidades, lo que hace es, o bien
buscar a un nuevo “amo” a quien venderle su trabajo a cambio de
un precio mejor, o bien se ve forzado a permanecer en el trabajo
para sobrevivir.
En cuanto al ejemplo tercero,
se trata del único que produce con aliciente y sin coacción.
Pero, como quiera que en la sociedad socialista no cabe la
posibilidad de una producción realizada por un individuo que
exceda de la satisfacción de sus propias necesidades, ni la
satisfacción de necesidades ajenas a expensas o por medio de
terceros, y que las empresas socialistas trabajan para
satisfacer las necesidades de la sociedad, resulta que el tercer
ejemplo es el que representa la correcta posición de la
rentabilidad. No obstante, en todos los casos – aún en los
peores- , la producción se mantiene por la supervivencia. Nada
más indicativo que el hecho de que, en las sociedades
capitalistas, la producción se acumula y abulta en manos de un
reducido número de propietarios que no trabajan, sino que
explotan el esfuerzo de los proletarios que se ven obligados a
producir para vivir. Sin embargo, el “LIBRO VERDE” no sólo
soluciona el problema de la producción material, sino que traza
el camino hacia la solución global de los problemas de la
sociedad humana, para que el hombre logre, definitivamente, su
libertad material y realice su propia felicidad.
Si suponemos que la riqueza de
la sociedad es 10 unidades, y los habitantes de la misma 10,
resultará que a cada uno le corresponderá la décima parte de
las unidades de riqueza. Pero, si cierto número de miembros de
la sociedad posee más de una unidad, esto equivaldría a que
otros tantos miembros de la misma no poseen nada. Ello se
debería a que la parte que le corresponde de las unidades de
riqueza de la sociedad ha sido apropiada por los demás. Por esto
hay ricos y pobres en la sociedad explotadora.
Supongamos que cinco miembros
de esta sociedad poseen, cada uno, dos unidades de riqueza. Esto
equivaldrá a que haya otros cinco que no posean nada, es decir,
a que el 50 por 100 esté privado de su derecho a esta riqueza,
puesto que cada una de las unidades adicionales que posee cada
uno de los primeros cinco corresponde a los otros cinco.
Si, en esta sociedad, lo que
el individuo requiere para la satisfacción de sus necesidades es
una sola unidad del conjunto de la riqueza de la sociedad,
resulta que aquel que posee más de una unidad, en realidad lo
que ha hecho es adueñarse del derecho de otro miembro de la
sociedad. Y, puesto que esta unidad es superior a lo que
necesita para sus necesidades, lo que hace es poseerla con el
fin de acumularla. Esta acumulación se hace siempre a expensas
de terceros, tomando su parte de la riqueza, lo que explica la
existencia de acumuladores que no gastan, que ahorran después de
satisfacer sus necesidades, así como la existencia de pobres y
gente privada de lo que le corresponde, que reivindica su
derecho a la riqueza de la sociedad y no tiene que consumir. Se
trata de un robo, pero en este caso, público y lícito de acuerdo
con las injustas normas de explotación que regulan esa sociedad.
Todo aquello que exceda de la
satisfacción de las necesidades, pasa a ser patrimonio de todos
los miembros de la sociedad. Cada uno de éstos, tiene, a su
vez, derecho a ahorrar cuanto quiera, dentro de sus propias
necesidades. Todo acopio por encima de las necesidades
constituye un atentado contra la riqueza pública.
Los esforzados y listos no
tienen derecho a apropiarse de la parte que corresponde a los
demás por sus características. Pero pueden beneficiarse de su
condición para satisfacer, y aún economizar, sus necesidades.
Tampoco los “incapaces, tontos y anormales” tienen, por su
condición, menos derecho a la riqueza que la gente sana.
La riqueza de la sociedad es
como la empresa de aprovisionamiento, que a diario ofrece, a un
determinado número de personas, una determinada cantidad de
producto de un determinado peso, suficiente para cubrir la
necesidad diaria de las mismas. Cada cual puede ahorrar lo que
desee de la cantidad que le corresponde. Puede consumir lo que
quiera y ahorrar lo que prefiera. En esto, aprovecha su propia
capacidad y habilidad. En cuanto aquel otro que utiliza sus
aptitudes para sacar del almacén general de aprovisionamiento
mayor cantidad de la que le corresponde, es sin duda- un ladrón.
Así, quienes se valen de sus mañas para adquirir una mayor
riqueza, que exceda de la que se requiere para satisfacer las
necesidades, de hecho atentan contra un bien público que es la
riqueza de la sociedad que representa el almacén de
aprovisionamiento citado en este ejemplo.
No se pueden establecer
oscilaciones en la riqueza de los miembros de la nueva sociedad
socialista, salvo aquellos que presten un servicio público, y a
quienes la sociedad designe una determinada parte, equivalente a
tales servicios. La parte correspondiente a los individuos no
oscila sino en función del mayor servicio público prestado.
De este modo, las magníficas
experiencias históricas han generado un nuevo experimento que
representa la coronación definitiva de la lucha del hombre por
la integración de su libertad y la realización de su felicidad
mediante la satisfacción de sus necesidades, el rechazo de la
explotación, la supresión del abuso y el establecimiento de un
sistema de distribución equitativa, de modo que cada uno trabaje
por la satisfacción de sus necesidades, no para explotar a
terceros para que trabajen por tu cuenta con el fin de cubrir,
gracias a su trabajo, sus propias necesidades, ni tampoco para
intentar hacerse con las necesidades de los demás.
Se trata de
la teoría que establece la liberación de las necesidades para
liberación de las necesidades para liberar al hombre.
Así, la nueva sociedad
socialista constituye una consecuencia dialéctica de las
injustas relaciones que predominan en el mundo, que han generado
la solución natural consistente en la formula de la propiedad
privada para la satisfacción de la necesidad sin utilización de
terceros. La propiedad en régimen del socialismo de los
productores como socios en la producción reemplaza al sistema de
la propiedad privada basada en la producción de asalariados, sin
derecho al producto en cuya elaboración participan.
Aquel que posee la vivienda
que habitas, el medio de transporte que utilizas para tus
desplazamientos, o la realidad, tu libertad parte de tu
libertad. Pero la libertad es indivisible y para que el hombre
sea feliz, debe ser libre, y para que sea libre, debe ser dueño
de sus propias necesidades.
Aquel que posee tu
necesidad, te controla, te explota y, quizá, te esclavice, a
pesar de cualquier legislación que lo prohíba.
Las ineludibles necesidades
materiales y personales del hombre, empezando por la vestimenta
y el alimento, hasta el medio de transporte y la vivienda, deben
ser propiedad privada y sagrada del hombre. No debe ser
arrendada por ninguna entidad. Su obtención de un pago da al
verdadero dueño derecho a interferir en tu vida y a controlar
tus necesidades vitales, aunque fuese la sociedad en general. En
este caso, se controla tu libertad y se pierde tu felicidad. Al
igual que el propietario de la vestimenta que te alquila para
luego quitártela, probablemente en la calle, y dejarte desnudo,
puede hacer el propietario del medio de transporte, dejándote en
la vía pública y también el de la vivienda, sin hogar.
Sería ridículo tratar las
necesidades vitales del hombre con medidas legales o
administrativas, etc. La sociedad debe instituirlas, totalmente,
según principios naturales.
La meta de la nueva sociedad
socialista es el logro de la felicidad del hombre, que, a su
vez, no se realiza sino al amparo de la libertad material y
moral. El establecimiento de la libertad se realizará en la
medida en que el hombre se haga dueño de sus propias necesidades
y las tenga sagradamente aseguradas. Es decir, tu necesidad no
debe ser propiedad de otros. De lo contrario, será objeto de
robo por cualquier parte de la sociedad y, si vives preocupado.
Pierdes tu felicidad y no vives en libertad sino en las sombras
de la espera de una interferencia exterior en tus necesidades
vitales.
Convertir a las sociedades
contemporáneas en sociedades de socios en vez de asalariados es
una tarea inevitable, que aparece como una consecuencia
dialéctica de los contradictorios planteamientos económicos
predominantes hoy en día el mundo y, asimismo. Como resultado
inevitable de las injustas relaciones basadas en el sistema de
salarios, y que aún no han encontrado el camino hacia la
solución.
La fuerza amenazadora que
representan los sindicatos obreros en el mundo capitalista es
capaz de transformar a las sociedades capitalistas de
sociedades de asalariados en sociedades se socios.
La posibilidad de una
revolución para el establecimiento del socialismo comienza por
la apropiación, por parte de los productores, de sus
correspondientes cuotas del producto que elaboran, con lo que
los objetivos de las huelgas laborales consistentes en la
reivindicación de aumentos salariales pasarían a ser
exigencias, por participar en la producción, lo que, más tarde o
más temprano, llegara a suceder, con las orientaciones del
“Libro Verde”.
El paso definitivo lo
constituye la llegada de la nueva sociedad socialista a la etapa
de la desaparición del lucro y del dinero, mediante la
transformación de la sociedad en una sociedad de plena
producción y el logro de que ésta satisfaga las necesidades. En
esta etapa final, el lucro desaparece espontáneamente al igual
que la necesidad del dinero.
El simple hecho de admitir el
lucro es tanto como admitir la explotación, con lo cual no
habría ya límite que lo frenara. En cuanto a intentar
restringirla, a través de la aplicación de medias diversas, no
deja de ser un intento reformista y radical, para evitar la
explotación del hombre por el hombre.
La solución definitiva
consiste en la supresión del lucro. Pero, como quiera que el
lucro constituya el motor del proceso económico, su supresión no
puede producirse por decreto, sino que habrá de ser consecuencia
socialista que, al realizarse, logra la satisfacción de las
necesidades de sociedad y de los individuos.
El hecho
para incrementar el lucro es el que conducirá a su desaparición
definitiva.
EL SERVICIO DEL HOGAR
representa, con o sin salario, uno de los casos de trata de
esclavos. Es más, es la trata de los tiempos modernos. Y, como
quiera que la nueva sociedad socialista se base en el principio
de socios en la producción, no asalariados, al servicio del
hogar no se le aplican las reglas naturales del socialismo,
puesto que prestan servicios en lugar de elaborar un producto.
Los servicios no representan una producción propiamente dicha y,
por tanto, divisible en partes de acuerdo con el principio
natural del socialismo. Por ello, los sirvientes no pueden más
que trabajar a cambio de un salario o hacerlo sin pago, en las
peores circunstancias. Y puesto que los asalariados constituyen
una especie de esclavos, cuya esclavitud persiste mientras
efectúan su trabajo a cambio de un salario. Y que los sirvientes
del hogar están situados en un escalón inferior con respecto a
los otros asalariados de empresas y entidades económicas, a
ellos les corresponde prioritariamente, ser libertados de la
esclavitud de la sociedad de los asalariados y de la esclavitud.
El servicio del hogar es uno de los fenómenos sociales que
siguen al de la esclavitud. En este sentido, la Tercera Teoría
Universal trae buenos augurios a las masas, para su definitiva
liberación de todas las cadenas de la injusticia, del abuso, de
la explotación y de la dominación política y económica, para
crear la sociedad de todos, en la que todo el mundo es libre, en
igualdad de poder, de riqueza y de armas, con el fin de que la
libertad triunfe total y definitivamente.
Por todo
ello, el “Libro Verde” traza el camino de la salvación de las
masas de asalariados y sirvientes, para el logro de la libertad
del hombre.
Así, resulta inevitable luchar
por la liberación de los sirvientes del hogar del yugo de la
esclavitud al que están sometidos, para convertirles en socios
fuera del hogar, donde la producción material es divisible en
partes según los factores. Al hogar le sirven sus dueños.
La necesaria solución del
servicio del hogar no se consigue mediante el servicio
asalariado o no asalariado, sino mediante su transformación en
empleados que puedan ser promovidos durante el ejercicio de su
labor en el hogar y la garantía de la seguridad social y
material, al igual que todo empleado de un servicio público.
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