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[MCR.05.08.2008] Las
FARC-EP y nuestro futuro, Por Iñaki Gil de San Vicente.
Por
Iñaki Gil de San Vicente
31-07-08
El
colectivo La Haine me pidió hace unos días mi opinión sobre los
últimos acontecimientos relacionados con las FARC-EP. Debido a la
falta de tiempo para elaborar un texto más amplio y profundo, me
limito a presentar las siguientes tesis.
1. La
ofensiva contra las FARC-EP en las Américas y que ya se está
extendiendo a Europa, es parte de la ofensiva general del
capitalismo contra la humanidad trabajadora. Si bien su causa
primera ha de buscarse en el interior de Colombia y en la región
circundante hasta abarcar toda América, no debemos olvidar la
cuestión decisiva del agotamiento del largo ciclo expansivo
capitalista de alrededor de cincuenta años --los “treinta gloriosos”
más las dos décadas que el sistema ha logrado estirarlos gracias al
neoliberalismo, la financierización y el “dinero barato”, la “nueva
economía”, la “economía inmaterial” o de “la inteligencia”, el globo
financiero-inmobiliario, el keynesianismo militar, los bajos precios
de las energías, etc.--, que ahora parece que toca a su fin, sin
entrar aquí al debate sobre los ciclos de Kondratiev, las fases
largas y otras teorías al respecto.
2. Lo
que sí está claro es que el imperialismo se enfrenta a problemas
nuevos y a problemas clásicos pero enervados al máximo, como el de
la lenta pero persistente caída de la tasa media de beneficio a
nivel mundial, que es más decisivo de lo que se cree a simple vista,
por ejemplo. Como veremos en las tesis, la sincronización y
confluencia de tales problemas nuevos y clásicos, “crisis parciales”
que como afluentes se fusionan en un gran torrente, en una
previsible “crisis sistémica” más grave que las anteriores, nos
obliga a avanzar hipótesis de futuro. Pues bien, en el contexto
nuevo al que parece que estamos abocados, las FARC-EP, al igual que
otras organizaciones revolucionarias dignas de tal nombre practiquen
o no la lucha armada, asumen un papel clave en lo práctico y en lo
teórico.
3. La
represión incrementada que sufren todas ellas, practiquen o no la
violencia política de respuesta, no responde sólo a su lucha
presente, y esto nunca debe olvidarse ni menospreciarse, sino
también a su potencial de praxis cara al futuro que se aproxima, y
que en muchas cosas es ya presente inmediato. Como sabemos, el
imperialismo tiene aparatos dedicados exclusivamente a prever las
tendencias evolutivas fuertes, las plausibles pero sobre todo las
más factibles, y a adelantar estrategias y tácticas para intervenir
en ellas con suficiente antelación. Desde hace varios años, el
imperialismo está prestando mucha atención a los llamados
“escenarios críticos” que proliferan por doquier porque por doquier
surgen las resistencias activas o pasivas contra el imperialismo. La
persecución de las FARC-EP y de las izquierdas revolucionarias en
general es parte de las estrategias ideadas con antelación, como la
segunda invasión de Irak estaba pensada antes del 11-S de 2001.
4.
Las tesis que aquí presento van más allá de muchas de las
interpretaciones al uso, ideas comunes que se repiten machaconamente
y que reducen el problema a simples asuntos internos colombianos,
llegando en algunos casos a entrever el problema general de las
Américas y de su función dentro de los proyectos norteamericanos.
Pero estas tesis son irreconciliables con el grueso de la ideas de
la izquierda tradicional y del reformismo llamado “duro”. Para
estudiar esa oposición frontal hay que partir de lejos porque una de
las peores consecuencias que para el marxismo tuvo la degeneración
parlamentarista --que es todo lo contrario del uso revolucionario
del parlamento burgués como una táctica más de lucha política
revolucionaria-- que comenzó a darse a finales del siglo XIX fue la
de abandonar en la práctica y luego combatir abiertamente en la
teoría el papel que hasta entonces había tenido lo militar en el
corpus central de la praxis revolucionaria.
5.
“Lo militar” visto en sentido marxista, que no en el burgués, es una
teoría única que integra cuatro grandes bloques interrelacionados:
uno, el papel de los ejércitos en la producción económica desde la
antigüedad hasta ahora; dos, el papel de los Estados explotadores y
de sus aparatos de violencia represiva específicamente sociopolítica
e ideológica; tres, el papel de la violencia en las luchas
revolucionarias como el conjunto de tácticas, métodos y alternativas
de acción que chocaban de inmediato o que tarde o temprano chocarían
con las fuerzas represivas y violentas del opresor, y que por eso
debían y deben ir adaptándose a los cambios en las correlaciones de
fuerzas y a las necesidades de la lucha, tácticas transitorias
siempre sujetas a los objetivos históricos y a la estrategia
adecuada; y, cuatro y último, el papel de la ética revolucionaria
para explicar el derecho/necesidad de la violencia defensiva de las
masas explotadas ellos en cada uno de estos puntos particulares y en
la teoría marxista en su conjunto.
6. El
efecto devastador del parlamentarismo se multiplicó exponencialmente
con la “teoría de convivencia pacífica” entre la URSS y el
imperialismo, especialmente en Europa occidental en donde la mezcla
entre el marxismo libresco y academicista, que odiaba la práctica y
dormía en los claustros, y el reformismo eurocomunista dio como
resultado la extinción del marxismo en cuanto teoría de la
revolución comunista. En su lugar, el mercado de las ideologías
“alternativas” al sistema fue inundado por modas fugaces y
supercherías pacifistas --¿alguien se acuerda del “Partido Radical”
italiano, de los “verdes ecopacifistas” alemanes, por no hablar del
postmodernismo más reciente, etc.?--, fabricadas industrialmente por
la casta intelectual, que barrieron rápidamente a los restos
maoístas y marxistas-leninistas, y que ahora están acabando también
con los trotskistas obnubilados por un “anticapitalismo” elástico
que puede terminar justificando casi todo.
7.
Dada la influencia considerable de este eurocentrismo reformista en
buena parte de las izquierdas de otros continentes y culturas no es
de extrañar que “lo militar” también desapareciera en otras muchas
organizaciones excepto en aquellas que por diversas circunstancias
siguieron aplicando el método marxista, su ortodoxia en sentido
lukacsiano. Las FARC-EP son una de ellas, en la que nos extenderemos
después. Ahora tenemos que seguir exponiendo el proceso degenerativo
que ha llevado a que ante la actual crisis capitalista que puede
terminar en un caos más destructor que el de la crisis sistémica de
1929, y desde luego muy superior al de la crisis estructural de
finales de los ’60 y comienzos de los setenta del siglo XX, ante
esta deriva actual hacia el caos, prácticamente nadie que no sea
“ortodoxo marxista” tiene en cuenta “lo militar” como una parte
esencial de la totalidad capitalista en su devenir histórico.
8.
Conceptos como el de “guerra global permanente”, “capitalismo de
guerra”, la guerra como “modelo del capitalismo”, “guerra
preventiva”, “guerra asimétrica”, “guerra irrestricta”, “nueva
guerra de los 100 años”, “guerra continua”, etc., son muy frecuentes
en los análisis sobre la situación actual. Son incluso conceptos
obligados en muchos textos porque la brutalidad imperialista es tan
descarada y cínica que cualquier estudio sobre el presente que
busque un mínimo crédito debe hacer siquiera una mención indirecta
al papel de la violencia explotadora en diversas sus formas, desde
los ejércitos “privados” hasta las bases yanqui en todas partes,
pasando por la interacción entre guerras de diferentes
“generaciones” incluida la “cuarta” contra las clases y pueblos
insurgentes de medio mundo incluida Euskal Herria en el corazón de
la “Europa democrática”, en el mantenimiento del sistema
imperialista a comienzos del siglo XXI.
9.
Pero con demasiada frecuencia hay un abismo insalvable entre estas
referencias casi obligadas, casi tópicas, y la teoría marxista de la
violencia en la historia en general y en el capitalismo en concreto.
Una síntesis de esta teoría la ofrece Marx en su carta a Engels del
25 de septiembre de 1857:
“La
historia del ejército prueba, con mayor evidencia que nada, la
justeza de nuestro punto de vista acerca de la conexión entre las
fuerzas productivas y las relaciones sociales. En general, el
ejército tiene importancia en el desarrollo económico. El salario,
por ejemplo, se desarrolló plenamente y por primera vez en el
ejército de los antiguos. El peculium castrense es también, en Roma,
la primera forma jurídica en que se reconoce la propiedad mobiliaria
de los no cabezas de familia. Lo mismo puede decirse del régimen
gremial, que surgió por primera vez en las corporaciones de los
fabri. También aquí observamos por primera vez la aplicación de las
máquinas en gran escala. Incluso el valor especial de los metales y
su uso como dinero parece remontarse originariamente -apenas
superada la Edad de Piedra de Grimm- a su importancia militar.
También la división del trabajo dentro de una misma rama de la
industria parece haberse aplicado por primera vez en los ejércitos.
En ellos observamos además, resumida y palmariamente, toda la
historia de la sociedad civil. Si algún día tienes tiempo, debes
analizar el problema desde este punto de vista.
Los
únicos puntos que has dejado por tocar en tu escrito son, a mi
entender, los siguientes: 1) la aparición de auténticas tropas
mercenarias, por primera vez, en gran escala, y de golpe, entre los
cartagineses (para nuestro uso privado consultaré un libro sobre el
ejército de Cartago escrito por un berlinés y de cuya existencia me
he enterado hace poco). 2) El desarrollo del ejército en Italia en
el siglo XV y comienzos del XVI. Aquí, precisamente, nacieron las
argucias militares de carácter táctico. (…). Y por fin, 3) El
sistema militar asiático, tal como apareció originariamente entre
los persas y, después, en las más diversas variedades, entre los
mongoles, los turcos, etc….”.
10.
No es de extrañar, por tanto, que basándose en esta teoría enunciada
en 1857 por Marx, que ya venía siendo desarrollada desde algo más de
una década y que sería completada posteriormente sobre todo en el
brillante capítulo sobre la acumulación originaria en el Vol. III de
El Capital, Engels pudiera decir dos décadas más tarde en El Anti
Dürhing, texto en el que las páginas económicas estaban redactadas
por Marx, que el gran acorazado moderno era un compendio entero de
la sociedad capitalista. Esta afirmación es exactamente cierta
porque muestra cómo la lógica de la explotación social, de la
obtención de plusvalía y de la dictadura del tiempo asalariado o
tiempo burgués, rigen determinantemente en toda la sociedad
capitalista, en sus sistemas tecnocientíficos y en sus aparatos
militares y estatales. La disciplina militar, temporal, laboral y
moral reinante en, por ejemplo, la IV Flota imperialista yanqui que
amenaza directamente a la paz precaria de los pueblos soberanos en
las Américas, es la quintaesencia del orden disciplinario que actúa
consciente e inconscientemente en el seno de la sociedad capitalista
yanqui.
11.
Por ejemplo, la IV Flota así como los miles de soldados y
mercenarios yanquis que actúan impunemente en las Américas funcionan
con la disciplina fabril capitalista porque están bajo el imperio
ciego de la temporalidad burguesa, de la exigencia de la máxima
acumulación en el mínimo tiempo posible, y de la supeditación del
obsoleto espacio material y del trabajo descualificado a las
prioridades de los nuevos espacios materiales y simbólicos de
producción y del trabajo cualificado que le es inherente. Si ataca
la flota no será sólo una “intervención militar” en el sentido
normal del término, sino una política general de implantación del
capitalismo yanqui más moderno en el corazón de las Américas, es
decir, una especie de injerto artificial, o peor y más correctamente
definido: la inoculación del virus mortal de la salvaje civilización
yanqui, de los “diablos rubios”, en las culturas y formas de vivir
de los pueblos americanos, ya bastante deterioradas pero que pueden
empeorar al ser infectadas por la “civilización del norte”.
12.
Los otros tres componentes internos de la teoría marxista de la
violencia y de “lo militar” muestran aquí su vital valía ya que
explican, por un lado, el papel clave del Estado burgués y su
sistema represivo como garantes de la pasividad obediente de la
fuerza de trabajo explotada; por otro lado, las respuestas de
defensivas u ofensivas de los pueblos trabajadores explotados y por
último, la importancia de la lucha teórica y ética contra la
ideología burguesa. Una de las virtudes de esta visión dialéctica e
integral del problema es que nos permite y a la vez nos exige tener
siempre en cuenta la dependencia de las llamadas incorrectamente
“burguesías nacionales” hacia sus hermanas exteriores, las
burguesías imperialistas.
13.
Desde esta perspectiva, el desarrollo del capitalismo y sus crisis
es inseparable del accionar interno de “lo militar” en su
globalidad, aunque siempre considerando el aspecto clave en última
instancia de que la producción de armas si bien a corto plazo
desatasca determinadas crisis puntuales, a medio y largo plazo es un
gasto improductivo, un despilfarro irracional que lastra y frena el
proceso de acumulación ampliada de capital. La evolución del
imperialismo durante un siglo no ha hecho sino confirmar la
corrección histórica de esta teoría en su esencia, ampliándola y
mejorándola en sus aspectos particulares.
14.
Las regularidades genético-estructurales confirmadas en el tiempo
muestran cómo las resistencias de todo tipo –incluidas las pacíficas
y no violentas-- de los pueblos explotados y de sus clases
trabajadoras han sido decisivas para, a escala mundial, acelerar
desde dentro de la totalidad concreta del sistema capitalista la
interacción entre las contradicciones endógenas o estrictamente
económicas y las exógenas o políticas, nacionales, culturales y
medioambientales. La solución de una supuesta y falsa separación
absoluta y artificial entre lo endógeno y lo exógeno dentro de la
totalidad, se obtiene simplemente comprendiendo que lo
socioeconómico es inseparable de lo sociopolítico, siendo lo social
el nexo interno cohesionador de las diversas instancias que deben
ser analítica y diacrónicamente estudiadas pero a la vez que
sintética y sincrónicamente interpretadas.
15.
No se trata, por tanto, de sostener que “ahora” y frente a la crisis
que avanza, el capitalismo recurre a la guerra porque no tiene otra
opción, lo que es cierto, sino que se trata de saber que, primero,
históricamente, sin guerra no existiría el capitalismo y que, por
tanto y segundo, las guerras que ya se libran y las que está
preparando la burguesía internacional responden a la ciega necesidad
de la acumulación. Quiere esto decir que si bien gracias a la acción
conjunta de las fuerzas mundiales democráticas, progresistas y
revolucionarias podemos y debemos evitar el mayor número posible de
conflictos militares, tal o cual guerra concreta, tal o cual
conflicto bélico regional y, sobre todo, evitar que se desencadene
una espiral irracional e incontrolable hacia la hecatombe nuclear
que concluya en el exterminio total, siendo esto cierto, necesario y
deseable, aun así semejante constatación es sólo una parte del
problema porque la otra, la decisiva, es la cuestión de qué clase
detenta el poder político-militar y la propiedad privada de las
fuerzas productivas y destructivas.
16.
Mientras que esta segunda pero crucial cuestión no esté
históricamente resuelta el peligro de la hecatombe nuclear seguirá
vigente así como el de guerras cada vez más atroces, por la simple
razón de que las contradicciones objetivas y subjetivas del
capitalismo desbordan el límite de la pasiva sumisión de la
humanidad trabajadora, de la disponibilidad de reservas energéticas
y alimentarias en el marco desarrollista y consumista actual, y de
la capacidad de carga, de absorción y de reciclaje que tiene la
naturaleza. En este contexto, la antigua consigna romana de ‘si vis
pacen para bellum’ ha adquirido toda su contradictoria valía. No es
cierto que a la guerra imperialista se le pueda responder
exclusivamente con la paz porque toda la historia del siglo XX, por
ejemplo, ha demostrado que el único freno que puede detener a la
burguesía más fundamentalista y fascista es el de la directa amenaza
de una violencia defensiva superior por parte de las y los
explotados.
17.
Al fascismo y al neofascismo, al militarismo, a las supuestas
“democracias autoritarias” (¿?), al ascenso de los grandes poderes
criminales que ya incumplen sus propias leyes porque necesitan la
impunidad absoluta, desde las detenciones y arrestos ilegales hasta
las torturas permanentes al margen de cualquier ley burguesa,
pasando por el racismo más reaccionario y los ingentes gastos en
nuevas técnicas de control., vigilancia, represión y exterminio, a
esta tendencia ascendente en el capitalismo actual sólo se le puede
enfrentar una decidida movilización consciente de la humanidad
trabajadora, que muestre en sus acciones una potencia revolucionaria
tal que disuada a la burguesía de cualquier aventurerismo inhumano.
18.
Para comprender en su urgencia plena lo dicho hasta aquí, hay que
ser consciente que lo que está en juego, en definitiva, es el
tránsito de una fase periclitada a otra nueva del modo de producción
capitalista en la que la clásica disyuntiva o dilema popularizado
por Rosa Luxemburgo en 1915 de Socialismo o Barbarie, esta consigna
tan válida durante muchos años ha quedado superada en el sentido
dialéctico, es decir, confirmada, enriquecida e integrada en otra
superior que es la Comunismo o Caos. Desde finales de la década de
1970 y de manera creciente, esta consigna va abriéndose paso en
medio de la lógica incomprensión de los dogmáticos, del rechazo
directo de los reformistas y de la expectación creativa de cada vez
más movimientos revolucionarios. No es casualidad que hayan sido
algunos independentistas vascos, que luchan en un contexto en el que
bullen todas las contradicciones pasadas y presentes, materiales,
simbólicas, culturales e identitarias posibles en el capitalismo
imperialista y patriarcal, los que más han insistido en la
actualidad de este dilema.
19.
Muy en síntesis, se aprecia el siguiente avance en lo relativo a las
consignas, que va desde el Manifiesto Comunista en 1848 que plantea
la consigna fundamental: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”.
La segunda es de 1850 en el Mensaje del Comité Central a la Liga de
los Comunistas: “Su grito de guerra ha de ser: la revolución
permanente”. La tercera es de 1871 en los Estatutos de la AIT : “La
emancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase
obrera”. La cuarta es de Rosa Luxemburgo de: “Socialismo o
Barbarie”. La quinta es la de Lenin en 1917: “Todo el poder a los
soviets”. La sexta es el conjunto de consignas de las luchas
revolucionarias de liberación nacional, entre las que destacamos por
no extendernos: “Pueblo o Imperialismo”, y “¡Patria o Muerte,
venceremos!”, utilizadas por Che Guevara entre otros muchos, y la
séptima de “Comunismo o Caos”.
20.
Cada consigna refleja la importancia de una determinada dirección
práctica de las luchas hacia un objetivo prioritario, decisivo, en
las diversas áreas de la lucha entre el capital y el trabajo. Pero
la importancia de las dos en las que nos centramos radica en que
ponen el dedo en la llaga de la supervivencia de la especie humana,
y en la urgencia cada vez más imperiosa de acabar con la propiedad
privada y con el poder destructor del capitalismo. En efecto, en los
casi cien años transcurridos desde 1915 y en especial en las dos
últimas décadas, han empeorado casi todos los medidores que entonces
se podían emplear sobre la situación del planeta, algunos de forma
relativa pero otros absolutamente, y, lo que es definitivo, no
habían surgido los problemas que hoy nos ponen al borde del caos.
21.
Hoy la especie humana se encuentra ante problemas de supervivencia
estricta insospechables en 1915, problemas inconcebibles entonces
por la simple razón de que no se habían desarrollado todas las
fuerzas destructivas capitalistas. No es este el sitio para exponer
en extenso esta temática, tarea que se hará en un texto posterior.
Sí debemos decir, empero, que una de las lecciones que se extraen
del salto de una a otra consigna es simplemente la de la reducción
dramática aunque todavía no trágica, del tiempo disponible para
derrotar al capital, evitar que active sus fuerzas destructivas, y
expropiar la propiedad privada y socializarla. La crisis que en la
actualidad está incubando el capitalismo sin duda va a acortar el
plazo al que nos referimos. Ahora bien, esta concepción se opone
precisamente al determinismo catastrofista sobre el fin automático
del capitalismo sin la decisiva intervención consciente de la
humanidad trabajadora, su sepulturera.
22.
Al contrario, la lúcida visión de los problemas de supervivencia a
los que nos enfrentamos con menos tiempo de resolución que hace un
siglo, esta descarnada advertencia teóricamente constatable, exige
más que nunca antes la praxis revolucionaria. La burguesía no se
extinguirá ella sola, consumida en su misma podredumbre, si no es a
manos de la humanidad trabajadora. Si esto no se produce, la
burguesía seguirá explotando pero en condiciones tan estremecedoras
y espeluznantes que sólo podremos entenderlas si recurrimos al símil
del caos, un caos que ya avanza en África, un continente que a
comienzos de 1990 empezó a ser “prescindible” para el capitalismo
excepto en muy determinados espacios poseedores de vitales recursos
estratégicos. Y el destino inhumano impuesto a África se está
extendiendo a otras partes de la tierra.
23.
Solamente desde esta concepción histórica del presente, podemos
comprender lo que está en juego en lo relacionado con las FARC-EP y
en general con todas las izquierdas que al margen que practiquen o
no la violencia de respuesta en cualquiera de sus formas, no se
dejan encadenar por las imposiciones restrictivas y represivas
burguesas, practican su independencia política de objetivos,
estrategia y tácticas, y afirman explícitamente que su fin y su
medio es la revolución comunista. Lo que ocurre con las FARC-EP y
con otras organizaciones dentro y fuera de las Américas, es que, por
circunstancias, están en primera línea en todos los frentes de
combate contra el imperialismo.
24.
Incluso en el caso en el que las FARC-EP pudieran por fin pasar a
una forma de acción política no militar porque se ha llegado a un
acuerdo democrático que borra los insalvables obstáculos represivos
que actualmente impiden la vida democrática en Colombia, conocidos
internacionalmente, incluso así las FARC-EP seguirán siendo el mayor
peligro para la burguesía de la región, que no sólo de Colombia,
debido a su enorme legitimidad, experiencia y fuerza social
alcanzada. Tendrían que cometer errores muy serios para dilapidar
ese caudal acumulado, como los han cometido otras fuerzas ex
guerrilleras que han debilitado su esencia revolucionaria para caber
por entre los muy estrechos márgenes del parlamentarismo oficial.
25.
La experiencia histórica de las FARC-EP debe ser analizada en
períodos o fases diferentes dependiendo de las transformaciones del
capitalismo colombiano e internacional, pero manteniendo intocables
los principios por los que lucha. Es indudable que durante tantos
años se han producido adaptaciones y mejoras en las doctrinas de
contrainsurgencia con innovaciones de todo tipo que han asestado
golpes a las fuerzas revolucionarias. También es innegable que los
cambios internos en la explotación capitalista y en el conjunto de
relaciones sociales han propiciado transformaciones políticas y
culturales que han permitido a la burguesía colombiana implementar
espectaculares campañas de manipulación psicológica y
propagandística, explotadas intensamente por la industria
político-mediática capitalista a escala internacional.
26.
Sin embargo, la realidad es tan terca como brutal y corrupta es la
dictadura práctica del régimen uribista narcotraficante y
paramilitar, amparado en la pasividad cómplice de la burguesía en su
conjunto y en el silencio de la Iglesia , sin olvidar el decisivo
apoyo de los EEUU. La propaganda oficial que sostiene que existe un
crecimiento económico en Colombia oculta, primero, que el cáncer del
narcocapitalismo lo pudre todo; segundo, que los beneficiarios de
tal crecimiento son los burgueses y no el pueblo; tercero, que la
ayuda militar yanqui es decisiva para que ese crecimiento corrupto
se mantenga; cuarto, que a medio plazo el costo de un ejército
enorme lastrará incluso a los beneficios extras del narcocapitalismo;
quinto, que este deterioro sólo puede ser contrarrestado mediante el
endurecimiento represivo hacia un mayor autoritarismo neofascista
interno, cuando no fascista; sexto, que en estas condiciones
objetivas tarde o temprano se ampliarán las simpatías populares
hacia las FARC-EP si éstas no cometen serios errores de sectarismo,
y séptimo, que estas tendencias van confluyendo con las similares
que recorren a la Patria Grande latinoamericana.
27.
Un ejemplo de la vetusta obsolescencia de las izquierdas
tradicionales que miran sin ver lo que está sucediendo, son las
afirmaciones de que las FARC-EP nunca han brillado por sus
elaboraciones teóricas propias, están alejadas del pueblo colombiano
y de sus condiciones de vida habiendo perdido el apoyo que tuvieron,
han caído en el militarismo, el verticalismo y el pragmatismo, se
encuentran aisladas del resto de luchas por los cambios mundiales
desde la caída de la URSS hasta ahora, empiezan a estar
desmoralizadas y cunden en ellas las deserciones, y son la excusa
perfecta para que el uribismo justifique sus crímenes y hasta los
aumente, a la vez que pone en serios aprietos a la “oposición
democrática”. Estos críticos terminan diciendo que si las FARC-EP
empezasen un debate internacional y nacional sobre las condiciones
políticas, económicas y militares para dejar las armas, pondrían al
régimen uribista en dificultades.
28.
Las FARC-EP y el conjunto de fuerzas revolucionarias
latinoamericanas tienen argumentos sobrados para hundir estas
críticas. Desde Europa y Euskal Herria sólo podemos añadir varias
cosas sin mayor trascendencia. La primera es que tales ideas no son
exclusivas contra las FARC-EP ni tampoco son nuevas, sino que son
repetidas machaconamente contra otras fuerzas revolucionarias
siempre que no se plieguen a los dogmas librescos de los
autoproclamados “partidos dirigentes”, “intelectuales
independientes” o incluso “finos analistas”. La soberbia de esta
gente es tal que no duda en rozar la acusación de analfabetismo
teórico a los movimientos de liberación nacional que no se ciñen a
sus recomendaciones. Olvidan el principio marxista de aprender de
las masas que luchan, de sus innovaciones y aciertos, y, por el
contrario, se sitúan encima de ellas y desde la segura comodidad de
la distancia imparten doctrina con sus gafas de plomo mientras el
mundo real se dirige hacia combates aún más duros.
29.
Lo segundo que hay que decir es que han perdido toda precaución
metodológica ante la eficacia alienante y manipuladora de las
industrias político-mediáticas y ante el fracaso de las propias
convicciones. Sentados frente a las televisiones del imperialismo,
leyendo la prensa de la “oposición democrática” y de colectivos
afines, estos intelectuales terminan creyéndose la versión dada por
la industria de la manipulación, con los retoques añadidos por los
grupos afines a ellos. Y si la realidad no coincide con sus deseos y
con esas versiones, peor para la realidad. Tesis idénticas se han
sostenido y sostienen desde el dogmatismo stalinista hasta el
trotskista, pasando por una amplia gama intermedia. Pero hay que
decir que si los pueblos les hubieran hecho caso apenas habría
habido procesos revolucionarios.
30.
Lo tercero que hay que decir es que la propuesta de que las FARC-EP
inicien un amplio debate internacional y nacional para concretar las
condiciones de su abandono de las armas no pasa de ser una filigrana
escapista para eludir el asunto decisivo: cómo prepararse para
vencer a los planes contrarrevolucionarios que el imperialismo está
ideando en las Américas, con la colaboración de las burguesías
autóctonas, de sus fuerzas armadas legales, privadas e ilegales, con
la extensión creciente de las redes del narco-tráfico y con el apoyo
de otros servicios secretos internacionales. Al margen de cómo
evolucionen estas variables, siempre hay que aplicar el sabio
criterio leninista de prepararse para lo peor, para estar en
condiciones de responder a las más duras acometidas del enemigo de
clase, nacional y de sexo-género, criterio que no desprecia sino que
exige que también haya alternativas menos duras, pero siempre
manteniendo la independencia política propia.
31.
Lo cuarto que hay que decir es que en el fondo de estas posturas
existe una incapacidad absoluta para entender que, fuera de que se
aplique o no la violencia de respuesta como lucha táctica, lo que
debe debatirse es la idoneidad o no de la teoría marxista de “lo
militar” en sus cuatro componentes básicos expuestos, como teoría
surgida de las entrañas de las contradicciones sociales y que puede
aplicarse total o parcialmente según las necesidades y
circunstancias. Este es uno de los debates permanentes que recorren
la historia revolucionaria desde que el marxismo inicial empezó a
diferenciarse tanto del pacifismo como del blanquismo, por cierto y
en este segundo caso, manteniendo siempre una profunda admiración y
afecto personal hacia Blanqui, héroe revolucionario.
32.
El parlamentarismo, la teoría de la “coexistencia pacífica”, el
academicismo y el reformismo eurocomunista, en síntesis, impusieron
una visión claudicacionista al respecto, como hemos dicho al
principio, que terminó en colaboración con las fuerzas represivas
capitalistas para destrozar físicamente a las fuerzas
revolucionarias que se negaban a aceptar el monopolio burgués de la
violencia. Pero también desde las izquierdas revolucionarias que
optaban por la llamada “violencia de masas” y criticaban la llamada
“violencia individualista” o “pequeño burguesa”, o simplemente
“lucha armada”, desde éstas hubo y sigue habiendo una oposición
práctica y teórica justificada con el argumento de que “no existen
condiciones objetivas” para dar el paso a la “violencia de masas” y
menos aún a la “lucha armada”.
33.
La necesidad de una explicación teórica permanente sobre la
dialéctica entre el arma de la crítica y la crítica de las armas,
para utilizar los conceptos empleados por Marx, aparece expuesta ya
en los primeros textos del marxismo. La experiencia acumulada
posteriormente en todas las luchas sociales que han llegado a un
nivel de antagonismo irreconciliable con el opresor es concluyente
al respecto, mostrando la conveniencia de que las masas explotadas
conozcan siquiera lo esencial de la teoría marxista de la violencia,
de “lo militar” aunque no la practiquen. La conozcan en sus
implicaciones psicológicas, es decir, que asuman conscientemente que
puede llegar el momento que necesiten pasar a la autodefensa, que
deben estar preparadas para eso con antelación, lo que requiere de
un conocimiento teórico y de una preparación psicológica.
34.
Recordemos lo sucedido al comienzo del fascismo, cuando bastaban muy
pocos provocadores entrenados militarmente para destrozar a palos,
con estacas y golpes, sedes y locales sindicales, socialistas y
comunistas, lugares de venta de prensa y libros de izquierda o
progresistas, asambleas y reuniones de trabajadores, manifestaciones
enteras de hombres, mujeres y niños. La socialdemocracia y el
stalinismo habían abandonado la preparación psicológica suficiente y
el mínimo entrenamiento en autodefensa de la clase trabajadora. Los
obreros pasivos, acobardados e inertes, pacifistas y
parlamentaristas, echaban a correr, desperdigándose y asumiendo una
catastrófica sensación derrotista, de inutilidad de toda
resistencia, de resignación ante lo que se avecinaba.
35.
Este ejemplo, que venía adelantado por el exterminio de los consejos
obreros rojos y anarquistas, de los espartaquistas y comunistas
desde 1918 a manos de los pre nazis en Alemania bajo la dirección
socialdemócrata, se ha repetido con entristecedora y enervante
frecuencia en el capitalismo posterior, y no sólo en Europa:
recordemos a la China de finales de los ’20. La descarada opción
procapitalista de la socialdemocracia y el interclasismo de la Rusia
stalinista con la supeditación de la independencia política de la
clase obrera a las exigencias de la “burguesía democrática y
antifascista”, el frentepopulismo, estas dos corrientes mayoritarias
condujeron --con diversa responsabilidad-- al movimiento obrero al
pacifismo suicida; el primero de forma directamente teórica y
política, el segundo de forma indirecta, con argumentos sobre la
necesidad táctica de posponer la lucha revolucionaria a la previa
salvaguardia de la “democracia”.
36.
Durante la guerra de 1939-45 en la Europa capitalista, buena parte
de las izquierdas iniciaron tenaces luchas de liberación nacional
contra el fascismo ocupante y contra los colaboracionistas internos,
la mayoría burgueses y empresarios, pero también obreros y
campesinos de extrema derecha. Guerras revolucionarias de liberación
nacional y social que en 1945, al retirarse los invasores y con
ellos bastantes colaboracionistas, crearon situaciones de doble
poder, en las que el pueblo en armas era una de las dos autoridades,
siendo la otra el ejército aliado bajo la dirección de los EEUU y
Gran Bretaña; y en muchas más zonas en donde no se llevó al doble
poder de facto, sí proliferaron verdaderos contrapoderes populares
basados en las guerrillas armadas. La burguesía europea estaba muy
desautorizada y deslegitimada ante el pueblo trabajador por su
productivo colaboracionismo con nazis y fascistas. Las ocupaciones
de fábricas abandonadas por los empresarios huidos o escondidos eran
constantes. Si no estaban dadas ya las condiciones objetivas y
subjetivas para una revolución social, faltaba poco para ello.
37.
Como es sabido, los pactos entre la URSS y los EEUU, más la
socialdemocracia y las Iglesias cristianas, salvaron a un
capitalismo europeo en agonía. No nos extendemos en esta amarga
experiencia general, excepto para recalcar dos cuestiones básicas
para el tema que ahora tratamos: una, la deliberada destrucción de
la memoria colectiva europea de estos acontecimientos, y otra,
simultáneamente, la generalización de una ideología interclasista,
pacifista y parlamentarista en extremo que, junto a lo anterior,
creó una sociedad europea amorfa, progresista en la forma externa
pero conservadora en el fondo. Las largas mayorías parlamentarias
socialdemócratas, laboristas y de centro-reformista, ocultaban otra
realidad que aparecería más tarde.
38.
Los sacrificios heroicos de la lucha guerrillera, el
colaboracionismo aplastante y masivo de las burguesías con los
nazis, las situaciones de doble poder y contrapoder generadas en
1945, las ocupaciones de fábricas, la aplicación de la justicia
popular contra los colaboracionistas, estas y otras muchas cosas
fueron silenciadas y echadas al olvido mientras se desarmaba a las
guerrillas y se obligaba a los trabajadores a aceptar la explotación
capitalista. En su lugar se impuso una mezcla de amnesia social,
silencio mediático y mentira descarada creada con las famosas
“películas de resistentes” que volaban trenes y camiones nazis, pero
que en modo alguno exponían lo que realmente ocurrió.
39.
Simultáneamente, al calor de la denominada “guerra fría” y creando y
manipulando el terror social a una guerra nuclear con la URSS ,
tanto la sociología como la teoría política y jurídica burguesas,
crearon el mito antimarxista del supuesto “Estado del bienestar”
(¿?), ocultando su naturaleza clasista e imperialista, ocultando las
excepcionales condiciones históricas que lo habían propiciado, y
ocultando que en otras zonas de la “Europa democrática” existían
salvajes dictaduras fascistas. Los pactos interclasistas, el
oportunismo calculador de la burguesía, la pasividad de la URSS y la
presencia todopoderosa de los EEUU, garantizaron “la paz, la
democracia y la ganancia” en la Europa capitalista.
40.
Comenzó así el declive pre morten de los antaño poderosos partidos
comunistas que vieron cómo la crisis de finales de los ’60 y
comienzos de los ’70, generaba un movimiento de lucha que llegó a
rozar momentos prerrevolucionarios y que les desbordó
definitivamente. Su respuesta fue la clásica desde los años ’30:
ponerse al servicio del capital, desmovilizar a los obreros que aún
seguían creyendo en ellos como “vanguardia”, y ayudar a reprimir a
los revolucionarios, especialmente a los que optaron por la lucha
armada. Años de parlamentarismo y aceptación incondicional de la
ideología pacifista burguesa habían desarmado teórica, política y
psicológicamente a amplios sectores de la clase obrera europea que,
tras una participación inicial en las luchas y bajo las presiones
conjuntos de sus dirigentes y de los burgueses, se desanimaron, se
desmovilizaron y fueron incapaces de responder contundentemente a la
ofensiva capitalista, al neoliberalismo, lanzada pocos años más
tarde.
41.
Especial mención hay que hacer aquí al Partido Comunista de España,
cuya militancia había luchado con un heroísmo encomiable, sobre todo
la guerrilla, y que fue luego abandonada y traicionada por una
dirección política decisiva para el triunfo de la maniobra
continuista del poder burgués, que abandonó algunas formas del
franquismo, las inservibles, mantuvo sus aparatos fundamentales y
creó otros nuevos, todos ellos protegidos por la corona dejada por
el dictador Franco. Una sopa ecléctica de tópicos socialdemócratas,
eurocomunistas y stalinistas formaba la “teoría” del PCE que
justificaba la colaboración incondicional con la “burguesía
democrática” y con las fuerzas represivas, bautizadas como
“trabajadores del orden” (sic).
42.
De esta forma, y por seguir con el ejemplo europeo, una gran parte,
la mayoritaria, del movimiento obrero con cierta conciencia de clase
no solamente fue abandonado a su suerte en lo teórico en el sentido
marxista, sino que además fue presionado para que aceptara con más
fuerza la ideología burguesa parlamentarista y pacifista. Semejante
debacle fue reforzada indirectamente con la tesis de las izquierdas
tradicionales de que no existían condiciones ni para la preparación
psicopolítica de la militancia en lo tocante a la teoría marxista de
la violencia, ni mucho menos para ejercitar formas de autodefensa
colectiva como parte menor de la “violencia de masas”, todo ello
dentro de su rechazo absoluto a la “lucha armada individualista y
pequeño burguesa”. No pasaría mucho tiempo hasta que los restos de
la izquierda tradicional, muy debilitados, abandonaran el concepto
de “lucha armada” y aceptaran el oficial de “terrorismo”, como lo
exigía la clase dominante.
43.
Además de en otras razones de peso que ayudan mucho a explicar la
desaparición del PCI, y la práctica desaparición del PCF y del PCE,
así como de otros muchos “partidos de vanguardia”, y que explican
también el rebrote del neofascismo y del fascismo, del autoritarismo
más reaccionario gracias también a decenas de miles de votos ex
comunistas de los cinturones rojos urbanos en proceso de
desindustrialización posrfordista, además de estas razones, debemos
considerar el efecto demoledor del parlamentarismo y del pacifismo
burgueses sobre la muy precaria y débil base teórica, política y
psicológica de los sectores más concienciados o menos aburguesados
del movimiento obrero y revolucionario.
44.
¿Pudo el movimiento revolucionario haber evitado perderse en esta
auténtica “vía muerte” que le condujo en buena medida a la estación
final del capitalismo? Pienso que sí pudo evitarlo en mayor o menos
medida, o que al menos sí hubiera podido mantener tras la derrota
mejores condiciones subjetivas, de organización, de conciencia y de
capacidad teórica, etc., suficientes como para, una vez reactivadas,
haber respondido con mucha más contundencia y masividad a la
ofensiva neoliberal. Es cierto que no se perdió todo, que el
movimiento obrero europeo ha resistido a la defensiva en bastantes
cuestiones, aunque es innegable que el retroceso en derechos y en
condiciones de trabajo es apreciable. Pero no es este el momento
para rozar la historia ficción, sumergirnos en elucubraciones
fáciles y entrar en análisis más detallados que exigen rigor
metodológico.
45.
La pregunta es: ¿podrá el nuevo movimiento revolucionario que está
emergiendo no cometer el mismo error estratégico si no aprende las
lecciones aportadas por la teoría marxista de “lo militar”? Pienso
que no, que volverá a repetirlo si no aplica las lecciones teóricas
aprendidas a costa de tantas derrotas y también gracias a algunas
victorias. Una de esas lecciones consiste en desarrollar una visión
crítica muchos más plena de la unidad estructural entre guerra y
capitalismo, en todos los sentidos. Otra consiste en actualizar la
teoría marxista del Estado como centralizador estratégico de las
violencias burguesas en cualquiera de sus múltiples e interactivas
formas. Además, debe desarrollarse la teoría de las tácticas, desde
las pacíficas y no violentas hasta las de autodefensa legal e
institucional, pasando por la amplia gama intermedia. Por último,
debe masificarse la ética de la resistencia, del derecho/necesidad a
la rebelión.
46.
Llegados a este punto y para ir concluyendo, la última pregunta es
¿qué aportan las FARC-EP teniendo en cuenta lo visto? Básicamente,
tres cuestiones: Una, que frente a las muy previsibles realidades
extremas de explotación a escala planetaria que el imperialismo está
desarrollando, es más vital que nunca actualizar la dialéctica entre
el componente de rebeldía inextinguible dispuesta a los más heroicos
sacrificios y el componente de búsqueda de soluciones democráticas
mediante el diálogo y la negociación entre las partes, o sea, la
famosa dialéctica reforma/revolución, entre programa-mínimo y
programa-máximo, etc. Esta dialéctica es consustancial a la teoría
marxista de la violencia, y sólo se escora hacia un lado u otro
cuando la evolución de las contradicciones internas a la totalidad
del problema del que se trate, ha llegado a un punto crítico de no
retorno, momento en el que se produce un salto a otra situación.
47.
Tanto en los “pequeños” conflictos, en los individuales, en los mal
denominados “privados”, como en los “grandes”, en las luchas
sociales a gran escala, en estos extremos y en los intermedios, la
dialéctica reforma/revolución actúa siempre, siempre está activa,
excepto en las situaciones de terrorismo de Estado, fascista y
salvaje que impide cualquier intento de conversaciones, no siquiera
de contacto entre explotadores y explotados. Puede haber períodos
relativamente largos en los que tal dialéctica no esté activada por
determinadas circunstancias, pero por la misma lógica interna del
conflicto tiende a surgir, sea impulsada por una o otra parte, o por
ambas sobre aspectos secundarios o decisivos. La experiencia muestra
que estos procesos se han dado incluso en los peores momentos de los
conflictos más ensangrentados, aunque por razones obvias sean los
explotadores e invasores quienes los oculten o los desvirtúen.
48.
Dos, la dialéctica reforma/revolución, en modo alguno sostiene que
el programa-máximo, la socialización de la propiedad privada, la
extinción de Estado, etc., garantice automáticamente la esperanza de
su logro pacífico. No. Aunque desde su mismo origen, el marxismo ha
reconocido la posibilidad y la voluntad del tránsito pacífico al
comunismo, siempre ha añadido de inmediato que tal posibilidad es la
más remota, lábil y fugaz de todas, casi imposible de facto, una
rara y anormal singularidad histórica, mientras que lo más probable,
casi lo ineluctable, es que la burguesía resista hasta el final de
sus días recurriendo como siempre a todas las violencias imaginables
e inimaginables. Por tanto, hay que estar preparados psicológica y
materialmente para lo más duro, aunque se explore la vía negociada,
reformista y pacífica hasta agotarla. Las FARC-EP, como marxistas,
saben que cuanto más eficaz y potente sea la preparación para lo más
duro, más posibilidades habrá de acortar al mínimo las situaciones
de dolor y sufrimiento inevitables a cualquier conflicto violento,
por desgracia.
49.
Esta lección cobra mayor trascendencia en la actualidad cuando a la
burguesía le urge llevar su dominación a lo más recóndito de lo
humano. Las personas han de conocer las dinámicas, fluctuaciones y
desenlaces posibles de las luchas que iniciarán en defensa de sus
derechos cada día más perseguidos. Han de saber cómo prepararse con
antelación, mentalizarse colectiva e individualmente para resistir
lo peor, aprender de otras luchas para evitar repetir sus errores, y
han de estudiar la mejor o menos mala y dolorosa de las soluciones
posibles. No pueden iniciar resistencias desde la ignorancia
histórica más supina, y menos desde la ideología pacifista y
parlamentarista burguesas que les encadenan mental y materialmente.
De hacerlo, repetirán los errores del pasado y volverán a ser
engullidas por el agujero negro del capitalismo. La continuidad de
las FARC-EP es, en este sentido, una preciosa lección.
50.
Tres y último, la tendencia al caos en la que nos ha sumergido el
capitalismo supone, entre otros muchos desastres, también el del
aniquilamiento de las culturas, lenguas e identidades de los pueblos
--por tanto de ellos mismos-- que se resisten, nos resistimos, a ser
desintegrados como tales y luego transformados en simple mercancía a
disposición del beneficio burgués. Las FARC-EP son muy conscientes
del peligro real que se cierne sobre los pueblos de la Américas y de
la humanidad entera. La insistencia que ellas y otras fuerzas
revolucionarias hacen en sintetizar los aportes del bolivarismo, del
pensamiento de Martí y de otros próceres, con el marxismo y el
socialismo, esta tarea posee un decisivo contenido emancipador pues
aúna lo bueno, democrático, progresista y revolucionario de los
pueblos explotados al borde de su extinción.
51.
Cuando la cultura burguesa se escora hacia lo irracional, mistérico
y esotérico, reforzando el fundamentalismo cristiano y sus dogmas
más oscurantistas y machistas, a la vez que la casta intelectual
permanece ciega, muda y sorda ante esta debacle o la apoya
sutilmente o con descaro; mientras la guerra, el hambre, la
enfermedad y la catástrofe ecológica, los nuevos jinetes del
Apocalipsis, cabalgan por el mundo, la (re)construcción democrática
de las culturas populares y su inserción práctica en la lucha
revolucionaria aparece como una de las prioridades urgentes incluso
dentro del capitalismo imperialista, “céntrico” o del “norte”. |