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Heinz Dieterich | Para Kaos en la Red |
24-7-2010
www.kaosenlared.net/noticia/obama-lanza-ultimatum-venezuela
La amenaza de Obama al gobierno
de Hugo Chávez, transmitida a través de su
Departamento Colonial, la Organización de
Estados Americanos (OEA), tiene diversos
significados. Pretende influenciar las
elecciones parlamentarias de septiembre en
Venezuela con una psicosis de guerra, tal como
hizo la Casa Blanca en las elecciones
nicaragüenses de 1990, cuando mandó decir a
través de la oposición: “Quién quiere la paz,
vota por Violeta Chamorro. Quién vota por Daniel
Ortega, vota por la continuación de la guerra.”
Un efecto semejante se quiere
alcanzar en las elecciones presidenciales de
octubre, en Brasil, apoyando al neoliberal José
Serra contra la candidata “guerrillera” y
“pro-terrorista” Dilma Roussef. De la misma
manera, Washington quiere aplacar la ira de la
derecha terrorista nacional e internacional que
está furiosa por la detención del terrorista
venezolano Peña Esclusa, y la detención y
extradición del terrorista salvadoreño Chávez
Abarca a Cuba.
La esencia del circo mediático en
la OEA, sin embargo, es el ultimátum para Hugo
Chávez. La clase política estadounidense le
mandó decir, por boca de un cabaretista
colombiano de tercera: o aceptas la Doctrina
Monroe en América Latina o te vamos a destruir
como a Noriega en Panamá, Saddam Hussein en Irak
y, pronto, a tu amigo Ahmedinejad en Irán. Esta
es tu última oportunidad para evitar el
Armageddon, Chávez.
Si realmente existen campamentos
de la guerrilla colombiana en Venezuela, o no,
es irrelevante. Tan irrelevante, como lo fueron
las “armas de destrucción masiva” en Irak. En
ambos casos, el supuesto casus belli
(causa de la guerra) no fue más que la pérfida
apología de la agresión, decidida apriori
(de antemano). Ni Colin Powell logró suprimir la
evidencia de su mala conciencia y sus mentiras
en su performance ante el Consejo de Seguridad
de la onU, ni el ex diputado colombiano Hoyos,
destituido por corrupción, en la OEA.
El por qué del ultimátum ahora,
es obvio: Washington ha terminado la logística
militar-política necesaria para la destrucción
de Venezuela y Nicaragua. Los Estados de toda
América del Norte están a su disposición, los de
toda América Central, con excepción de
Nicaragua, y en América del Sur los de Colombia,
Perú y Chile y las colonias europeas. Para darse
una idea gráfica de la correlación de fuerza
militar y política, basta con colorear en rojo
los países neocoloniales-monroeistas, y en verde
los bolivarianos.
A principios de los años ochenta,
la revista de solidaridad estadunidense NACLA (North
American Congress on Latin America) me
invitó a redactar un número sobre Centroamérica.
Reagan, quien acusaba al gobierno sandinista de
importar un régimen socialista de tipo cubano y
de ayudar a la guerrilla del FMLN en El Salvador
(¡!), había firmado en secreto, en enero de
1982, la directiva NSDD-17 que autorizaba la
formación de los paramilitares “contras” y su
financiamiento con 19 millones de dólares.
Pese a que se desconocía la
directiva, el mosaico de información particular
que apareció en diversos países
centroamericanos, pronto reveló el patrón de lo
que estaba haciendo la Casa Blanca: la
construcción de la logística de destrucción del
Estado Sandinista y de la economía nicaragüense.
Si analizamos la política de Bush-Obama-Clinton
en Centroamérica, vemos el mismo patrón:
reactivación de la 4. Flota, triunfo político en
Panamá, bases militares en Colombia, golpe
militar en Honduras y ocupación militar de Costa
Rica. Con la logística bélica terminada, Obama
lanza el ultimátum de rendición al Presidente
venezolano.
Pero, Hugo Chávez se niega a
aceptarlo y rompe relaciones diplomáticas con el
sátrapa Uribe. En consecuencia, tiene que
prepararse para la guerra. Esta preparación
tiene su aspecto militar, cuya faceta más
importante es la posición respectiva que
asumirán Brasil y Ecuador. Pero más importante
aún, es un aspecto civil: la unidad nacional
venezolana.
Hugo Chávez y su partido ganarán
las elecciones de septiembre, salvo que algo
extremo suceda, como un devastador ataque a
Irán. Tal victoria electoral, como en el caso
del triunfo electoral de Allende en 1973,
aumentará el peligro de que el imperialismo opte
por el desenlace militar. Para defenderse de
esta amenaza, Hugo Chávez necesita
(re-)construir la unidad nacional, lo que sólo
será posible a través de la refundación de su
modelo de gobierno, haciéndolo más incluyente,
superando la muy peligrosa stagflación económica
(recesión plus inflación), la inseguridad y la
ineficiencia (metro de Caracas, electricidad,
etc.).
Algún tiempo después de mi
contribución a NACLA, la organización publicó un
nuevo número de la revista con el título: The
Empire strikes back – El Imperio
contraataca. Este es el peligro que vivimos a
partir de la reunión del Departamento Colonial
de la Casa Blanca y que nos acompañará por mucho
tiempo.
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